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Jean-Paul Martz

El ejercicio de la pintura, como cualquier disciplina del arte, conlleva una serie de características y condicionantes que son capaces de convertir un simple objeto en una obra de arte, y de hacer de un constructo particular algo de interés comunal. Así es la diferencia entre el simple constructor de objetos y el creador de narraciones y de elementos, que son la obra.

El caso concreto de la pintura tiene las características del empleo del color y la fantasía, tal vez esta última más acentuada es este lenguaje que en el de la escultura, por ejemplo, al poder ser la pintura mucho más libre a la hora de construir espacios imaginarios, luces imposibles y sombras inexistentes. Además, la pintura puede jugar más con la capacidad imaginativa del autor y del espectador, dándose así en una mayor medida o con mayor facilidad el proceso de comunicación que constituye y al que aspira toda obra.

El cuadro encierra todos los valores de la obra de arte, los vitales (propios de la historia del creador), los formales (propios de la obra en si) y los sensoriales (propios de la relación obra-espectador). Éstos se transmiten por medio de las formas, de los planos y del color, lo que constituye tema y asunto de la obra.

El trabajo artístico de Jean-Paul Martz aborda el campo de la creación mediante el lenguaje de la pintura y ésta en la particularidad de la abstracción. Este estilo mencionado podría presentar el problema de la comunicación del tema o del interés narrativo del autor, pero analizando detenidamente su trabajo vemos que no es así. El trabajo de Jean-Paul busca en los canales de la estética el fundamento de su mensaje. Una estética de la belleza y de la luz, tal como podríamos llamar al trabajo de este artista.

Hay dos características que merece la pena comentar en esta obra: la luz y el espacio. Ambas, al tratarse de abstracción, se construyen por medio del color, siendo así que el cromatismo crea contrastes de luces y sombras con las que se crean los espacios. Observando su trabajo podemos calibrar primeros y segundos planos, fondos y perfiles, formas y materia.

Luz y espacio que en la obra de Jean-Paul se acercan plenamente a los postulados del Informalismo abstracto e incluso a la abstracción pura y expresionista. Muchos de sus cuadros son una especie de explosión de color, desde la que se generan las formas, todo con un arriesgado cromatismo, con valientes toques de luz.

La extraordinaria libertad con la que él crea nos invita a una experiencia de relación con la obra en los mismos parámetros de autonomía, siendo así que nuestra postura ante su obra desata nuestra imaginación, buscando sombras mágicas e inexistentes, incluso creyendo descubrir formas, perfiles de paisajes, luces mágicas... todo, en el fondo, derivado de su mundo interior y de su inagotable imaginación.

Es el suyo un trabajo de pintura-pintura, de buen oficio y de ilusión.

Juan-Ramón Barbancho
Doctor en Historia del Arte