LOS
CUATRO ELEMENTOS EN LA OBRA DE NOLO SUÁREZ
Reflexionar
sobre la naturaleza que nos envuelve y que nos mantiene, es reflexionar
sobre nosotros mismos y sobre nuestra memoria social desde un valor
de identificación, de diferenciación. Esta reflexión
permite la recuperación de unas vivencias olvidadas o, como dice
Julio Llamazares: “ el paisaje es memoria. Mas allá
de sus límites, el paisaje sostiene las huellas del pasado, reconstruye
recuerdos, proyecta en la mirada la sombra de otro tiempo que sólo
existe como reflejo de sí mismo en la memoria del viajero o del
que, simplemente, sigue fiel a ese paisaje”.
El paisaje mantiene los líquenes de la memoria.
Esta reflexión puede hacerse desde diversos saberes y campos,
y uno de ellos es el de las artes plásticas. Esto no significa
reinvindicar intentos de imitación ni repetir lenguajes ya conocidos,
sino que esta reflexión permite expresiones nuevas, a la búsqueda
de nuevos caminos aún no andados.
La pintura aparece así como un lugar necesario de encuentros,
de reflexiones y también de experimentaciones.
Y esto, precisamente, es lo que hace el pintor Nolo Suárez, cuando
trabaja sobre la Luz, agua, aire y tierra, los cuatro elementos de la
vida, de la creación y del misterio, los cuatro pilares que sostienen
esta sólida construcción pictórica envuelta por
el aroma que deja el paso del tiempo.
Son cuadros que se caracterizan por el tratamiento del fondo, en el
que estallan a veces los colores estacionales, escuchamos el murmullo
del agua creando remolinos, el rugido del mar batiendo en los peñascos,
o el soplar del viento caminando tierras montesas.
Son cuadros hechos desde la serenidad de trabajar sin prisas que marcan
los caminos unidireccionales de las modas imperantes, son cuadros que
hablan de una vitalidad y de un apego a una naturaleza que, en el fondo,
es símbolo de querer seguir apegados a la vida y al mundo.
Manuel
Villar