Cuando
contemplo la obra de un pintor expresionista, la primera sensación
que percibo es la fuerza y las ganas de transmitir “algo”
que no sabría descifrar.
A
veces la calidad técnica no tiene tanta importancia como se podría
suponer en un primer momento, siempre y cuando se sacrifique por la
creatividad y la transmisión de ideas y mensajes subliminares
que existen en la mente del artista.
Con
Pilar Oujo me sucede algo de todo esto, pero, unido a su expresionismo
figurativo, pone también una calidad técnica envidiable,
una pincelada con carácter, una temática comprometida
y un color estudiado.
Oujo
lleva en su pensamiento la pintura y las ganas de seguir aprendiendo,
y esto lo demuestra con la colección que nos presenta en esta
exposición.
Pedro
Bueno, pintor
La sinfonía de figuras que nos presenta hoy Pilar Oujo comparten el acorde de lo humano. El antropocentrismo de su universo pictórico se muestra en dos vertientes: desde la contemplación desnuda y solitaria del cuerpo a la representación solidaria del hombre en sociedad. Ambas confluyen en la misma limpidez de trazo, color y expresión. Los fondos indefinidos y la estructuración del cuadro que la artista concienciudamente compone nos sitúan igualmente en el entorno de su temática expresiva. Una ropa o su ausencia, una mirada o un espejo, una pasión cargada de color o un mundo gris de convivencia, representan la combinación equilibrada de forma, expresividad y técnica
No podemos más que agradecer este espejo que nos ofrece Pilar con su obra para pensar en las eternas preguntas del hombre situado en el mundo de hoy.
Y en este paseo, una música sin estruendos nos acompaña.
Mónica Borrás