
PUBLICACIÓN DE
ARTE Y CULTURA |
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ADRIANA
VAREJÃO
Da2. Salamanca
Hasta el 28 de agosto
Cámara de ecos
Brasil, en el contexto de la creación contemporánea
ha ido situándose
desde los años setenta en un lugar preferente dentro del
amplio panorama
internacional. Destacados artistas forman parte del extenso imaginario
de la contemporaneidad que manejamos los interesados en el arte
actual. Desde los noventa, destacan con fuerza las propuestas de
Adriana
Varejão (Río de Janeiro, 1964) que dio sus primeros
pasos expositivos ya
en la década anterior -su primera individual fue en 1988,
en la Galería
Thomas Cohn, en su ciudad natal- reafirmando su presencia en La
Bienal
de São Paulo en 1994 y 1998, en la de la Habana en 1994,
y en
Johannesburgo y Liverpool en 1995 y 1999, respectivamente. Ya en
la
década actual ha sido una de las figuras más destacadas
de la Bienal de
Sydney en el año 2000 y ha participado en muestras colectivas
de gran
importancia, destacando Ultra Baroque (San Diego, 2000), Versiones
del
Sur (Madrid, 2000) o la individual Azulejões e Charques (Camargo
Vilaça,
São Paulo, 2000).
Echo Chamber (Cámara de ecos) nos presenta en DA2 una serie
de referencias
visuales "engañosas", dudamos del material que
tenemos ante
nosotros, dudamos de la técnica empleada, incluso llegamos
a dudar si
estamos ante una escultura o una pintura; se trata de una especie
de
trampantojos que aúnan clasicismo y modernidad, tradición
y vanguardia,
realidad y ficción, exterior e interior. La pieza realizada
especialmente para
esta muestra, Celacanto provoca maremoto evoca una gran ola construida
con azulejos, 52 pinturas azules a base de arabescos que conforman
un gran muro de mar artificial, naturaleza recreada en el espacio
expositivo,
naturaleza contenida, fusión entre lo artificial y lo natural.
Linda da
Lapa y Linda do Rosario (2004) muestran su interior herido, la carne
se
asoma desde dentro del muro en una alusión al cuerpo mutilado,
herido;
nos recuerda obras anteriores, Parede com Incisões a la Fontana
o
Azulejaria Branca em carne viva, ambas de 2002.
La obra de Adriana Varejão está plagada de referencias
a la historia colonial
de Brasil, al arte barroco de las iglesias portuguesas, a la historia
del
arte; lo decorativo, lo teatral, lo figurativo, lo corporal siempre
van parejos
en su discurso, el arte para denunciar, o quizás solamente
para informar,
los orígenes y la historia siempre presentes en su obra.
El propio título
de esta muestra, Cámara de ecos alude al libro El barroco,
de Severo
Sarduy, así, la identidad cultural de Brasil frente a la
vieja Europa subyace
en la obra de Varejão una vez más. ¿Barroco
contemporáneo o contemporaneidad
barroca?
Pintar construyendo, apropiarse de los iconos tradicionales de la
tierra,
aludir a la historia, estableciendo paralelismos con el arte del
pasado,
recrear en fin la memoria son algunas de las premisas de las que
parte la
brasileña para contarnos las reflexiones sobre su cultura
a través de una
obra impactante, evocadora, en la que destaca especialmente un perfecto
ejercicio de fusión de la tradición y la modernidad.
Emma González
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ALFREDO ALCAÍN
Galería Marisa Marimón
Hasta el 15 de julio
De lo espiritual en arte
El artista Alfredo Alcaín, Premio Nacional de Artes Plásticas,
ha sido invitado
por la galería Marisa Marimón, de Ourense, a mostrar
su obra reciente.
Desde la serena quietud de su experiencia vital y artística,
ofrece composiciones
pictóricas sincopadas y rítmicas. Él es, un
maestro contemporáneo.
El conjunto de obras que Alfredo Alcaín (Madrid, 1936) exhibe
en la actualidad
en tierras gallegas, pone en valor el buen entendimiento al que
el
artista ha llegado en su relación con las musas, tras años
de fidelidad
amatoria. Desde sus inicios respaldados por una rigurosa formación
académica
en pintura, grabado y escenografía, hasta el actual triunfo
de la
espiritualidad en su arte, ha caminado en silente reflexión
por fascinantes
y fértiles etapas.
Conoció y participó de la iconografía pop,
en una España estigmatizada
por la dificultad de ser periferia creacional. A la corriente pop
patria, le
aporta Alcaín, ciertos matices de sinceridad castellana,
pues su gusto por
la arquitectura popular matritense y su interés por los bodegones
cezannescos
saturados de visión impresionista, le predisponen hacia unas
peculiares,
célebres e industriosas composiciones de paisajes e interiores,
cargadas
de singularidad, aún dentro del flujo popero. Lo mismo que
Marcel
Proust, quien bajo el sortilegio de la memoria y el tiempo dio forma
a la
forma moderna de la novela, así Alcaín, buscando su
tiempo perdido,
tomó imágenes de un Madrid pasado y de unas láminas
de naturalezas
muertas, antiguas también, para dominar con su memoria al
tiempo y
trasladar ciertas visiones de adolescencia, hasta el arte pop de
su incipiente
etapa de adulto. Junto a la pintura de esos años, también
ahonda en la
técnica del collage, ejercitando de nuevo la metáfora
del recuerdo. De la
memoria toma pequeños fragmentos encontrados al azar, para
"encolar-
los" en una novedosa realidad soportada por la obra del artista.
Algunas de
estas obras, mezclan ya cuestiones de alta cultura con retazos pop,
en una
suerte de cuaderno de viajes, donde las impresiones quedan supeditadas
a la
composición melódica de la obra final y ésta
a la composición sinfónica de la
serie. Pues Alfredo Alcaín, es un sinfonista, un creador
de largas series ordenadas
por movimientos y de necesaria reflexión en la ejecución
y en la percepción.
Aún en un diálogo entre lo impresionista y lo espiritual,
realiza en las postrimerías
de los años ochenta, una larga serie denominada Cezanne petit-point.
En ella se conjugan el color de la memoria de las impresionistas
imágenes de
bodegones de Cezanne, con la ironía del pop. En esta serie
revisita esos paisajes
y bodegones habitados por manteles, manzanas, fruteros y habitaciones
con vistas; y al hacerlo introduce un retruécano sobre la
estética contemporánea
de aquellos años, una paráfrasis de la creación
objetual y satíricamente
cursi.
El propio Alfredo Alcaín, explica que los cambios y las progresiones
en su trabajo,
obedecen a una tendencia natural. Una temática se enlaza
con la
siguiente y aún de la última cabe esperar una nueva
metamorfosis. Todo ello
se alcanza en el silencio de su estudio, en donde el arte como oficio
triunfa
acompañado en ocasiones de la música de Mozart y de
Bach. Me explica, que
últimamente, disfruta más del silencio que de la música.
A esa confesión atribuyo
yo en la conversación con Alcaín, algún motivo
audaz y curioso como la
metafísica que a él interesa, evocando a Morandi en
algunos de sus bodegones
tridimensionales. Pero lejos de acertar con los motivos del maestro,
me
explica, que pone poca música porque anda un poco sordo y
no oye el teléfono,
ni el timbre de la puerta si convoca, como es su gusto, a los barrocos
a
todo volumen. Esa austera explicación, es parte manifiesta
de la espiritualidad
y sabiduría con la que se rige la obra de Alcaín en
la actualidad, nada de
pompa o circunstancia y mucho de sosiego inquieto.
Obra reciente
Wassily Kandinsky, en el ensayo homónimo del que toma título
este artículo,
explica cómo las composiciones constructivas, que es una
manera de
calificar el actual trabajo de Alcaín, se forman a partir
de simples formas con
valor interno que se encuadran por medio de ritmos en otras composiciones
mayores, llegando al estadío de melodía. Ésta
forma a su vez parte eventual
de una sinfonía.
Así en los cuadros de Alcaín, unas dúctiles
ondas celestes sobre fondo cobalto
se repiten melódicas y alcanzan a llenar la superficie toda
del lienzo,
dejando tan sólo un espacio neutral virgen, que sirve de
coda para el negativo
de la onda, que al ser representado sirve de movimiento final de
esta
sinfonía plástica.
Las formas de inspiración de este trabajo no son las impresiones
simplemente,
sino que obedecen a una más compleja reflexión. Hay
elementos de
la inspiración o la impresión, como las imágenes
retinianas de infancia o las
intelectualizadas de los cuadros de los grandes maestros. Hay una
parte de
improvisación, la que procede de la alquimia en el estudio
o de la aprehensión
de una forma al azar o la de un color accidental. Hay en fin, la
subjetiva
madurez de la composición, que obedece al corredor de fondo,
que tras
años de sincero trabajo es capaz de reiterar con seriedad
composiciones tan
consecuentes como intangibles, lo que las convierte en un regalo
para los
sentidos y en una cartesiana arborescencia. Hay pocas cosas tan
bellas
como la sencilla racionalidad de las composiciones contrapuntísticas
de los
actuales cuadros de Alcaín, los cuales son además
resultado de años de
humilde subjetivización plástica.
Uno de estos cuadros pintados por Alcaín, que podrían
ser excelsos patterns
para muros, suelos, techos y tejidos con los que realizar escenografías
de
obras de arte total, sirvió de cartel en la Semana de Música
Religiosa de
Cuenca, en su edición de 2004. La Misa en si menor, BWV 232
de J. S. Bach,
fue una de las obras que se representaron en esa edición.
A buen seguro
que las sutilezas espirituales de Alcaín, se vieron regaladas
como nunca
con el don de la ubicuidad al acompañar visualmente al Kantor
de Leipzig.
Sean adictos a las artes.
Román Padín Otero
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BERND Y
HILLA BECHER
Tipologías de edificios industriales
Fundación Telefónica. Madrid
Hasta el 7 de Agosto
La exposición retrospectiva de Bernd y Hilla Becher Tipologías
de edificios
industriales, que PhotoEspaña 2005 ha traído a Madrid,
es una de las
muestras baluarte del Festival.
La exposición llega del Centro Pompidou de París y
abarca el trabajo de
Bernd & Hilla Becher de los últimos 40 años. Cruciales
para el reconocimiento
de la fotografía en el contexto del arte moderno, desde 1970
se
han editado publicaciones con sus imágenes y han participado
en numerosas
exposiciones. En 1999 representaron a Alemania en la Bienal de Venecia
(Italia) y han estado presentes repetidamente en la Documenta de
Kassel
(Alemania). Se cuentan entre los artistas más importantes
del momento y
son precursores de una corriente documental entre cuyos miembros
destacan
Andreas Gursky, Thomas Ruff y Thomas Struth.
Brend y Hilla Becher están considerados los padres de la
fotografía documental
alemana, y han conseguido elevarla a la categoría de arte.
La estética
depurada que rige sus obras consigue dar al edificio o construcción
industrial, una esencia casi icónica. Él en el centro,
con un magnífico juego
de luces y sombras que consigue destacar sus diferentes volúmenes,
formas
y recovecos, es el único protagonista. No hay ninguna interferencia,
ni
nubes, ni humo, ni tan siquiera el más mínimo atisbo
de presencia humana.
La gran sala de la Fundación Telefónica se divide
en la planta baja en dos
espacios, donde se presentan las fotografías reunidas en
series de tipológicas
con diferentes números de ejemplares. El espacio totalmente
aséptico,
enfrenta al espectador con los conjuntos fotográficos en
los que se presentan
todo tipo de edificios industriales, las diferentes composiciones
consiguen
un protagonismo intrínseco a la gama de color, el negro sobre
el
blanco de la sala, los hace destacar.
Depósitos de agua, altos hornos, torres de refrigeración...
todos prácticamente
obsoletos, en enclaves diferentes, aunque quizá no tanto;
Francia
o Alemania; Europa o Estados Unidos... llegas incluso a dudar si
se trata
de la misma estructura, todas similares, uniformadas y con una misma
finalidad, la destrucción por abandono.
A lo largo de las salas el visitante encuentra un tipo de testimonio
fotográfico
en el que, la próspera y oscura época que nos llevó
a la Era
Moderna, aparece reflejada en su más profunda decadencia.
Un patrimonio
industrial abocado a convertirse en objeto de culto de la arqueología
moderna, que rememora un momento histórico en el que la industria
y las
grandes infraestructuras movían una economía basada
ahora en el microchip.
La muestra, comisariada por Armin Zweite, entra dentro de la corriente
documental alemana, pero el juego de composiciones está servido
y va
más allá de lo puramente objetivo. ¿Podría
ser casual contraponer en el
muro diferentes tipos de Castilletes de extracción de la
industria minera?
Ejercicio, analiza como la construcción efímera de
madera prácticamente
ha desaparecido por el deterioro y la intemperie mientras, otros
edificios
de ladrillo se mantienen impasibles al paso del tiempo, con el encanto
del
neogótico del principios del siglo pasado, sin duda da un
aire de nostalgia
y evocación.
La pequeña sala destinada a los altos hornos es de las más
interesantes,
los juegos de volumen de los grandes tubos y tuberías, son
el centro del
objetivo, en zig-zag, una onda, el extraño y caprichosamente
estudiado
subir y bajar, casi orgánico y maleable, la precisión
es tan grande que sólo
un diminuto camión en la parte baja de la foto te recuerda,
lo mínimo que
resultas ante tan imponente estructura.
La primera exposición individual que estos dos maestros de
la imagen
ofrecen en España, será uno de los referentes dentro
del itinerario a seguir
por los asiduos a las exposiciones fotográficas del Festival.
Mónica Cachafeiro
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CHEMA MADOZ
Galería Moriarty. Madrid
Hay algunas cosas, dentro del complicado mundo del arte, que llaman
más la atención que otras. Cosas que interesan más
y cosas que tal vez
puedan pasar inadvertidas en una primera, y tal vez una segunda,
mirada.
Pero esas cosas que nos interesan, las que hacen que unos elementos
se destaquen del resto, que se individualicen, son las verdaderamente
importantes.
En el caso de la obra de arte esas "cosas importantes"
de las que hablo
suelen estar ocultas en el proceso de creación de la pieza.
Ese proceso en
el que surge la idea en primer lugar. La idea o el interés
por mostrar algo
que cuente cosas, algo que enganche la mirada y el ingenio del espectador.
Luego viene la elección del medio a través del cual
se van a contar y
por fin la obra. Este proceso de producción de la obra, generalmente,
suele ser de más interés que la obra misma, por verse
de una manera más
inmediata el valor del autor.
Este proceso del que hablo tiene en el caso de Chema Madoz una importancia
singular. Madoz se expresa fundamentalmente con la fotografía
como lenguaje y como soporte, pero se da el caso de que muchas de
las
cosas que aparecen en su trabajo son piezas igualmente elaboradas
por él
y no elaboradas de una manera casual, como quien prepara un escenario
que sirva de cobertura. Los objetos de Madoz, a veces muy cercanos
a la
poética del objeto de Brossa, son piezas en si mismas, es
decir, obras individuales
y acabadas, que podrían funcionar solas. Tal es así
su trabajo que
podemos hablar de una doble creación: por una parte el objeto
y por otra
la fotografía. Esto ha llevado a algunos a preguntarse si
la obra definitiva
es la pieza fotografiada o la fotografía. Nosotros sabemos
que la obra final
es la foto, pero valoramos muchísimo el objeto.
Esto hace que sus obras parezcan realmente lo que no son. Antes
decía
que hay una clara apuesta por la poética del objeto, por
lo sublime de lo
cotidiano y eso es lo verdaderamente poético: la transformación
de lo
popular y repetitivo en bello, en singular. Esto nos obliga a mirar
de una
forma diferente. Nos obliga a ver las cosas, a calibrar. El mirar
simplemente
es algo fisiológico; ver es más un proceso intelectual,
cualitativo, que
nos obliga ha hacer un razonamiento, a emitir un juicio de valor.
En el caso de las obras seleccionadas para la muestra que actualmente
podemos disfrutar en Moriarty se mantiene fiel al blanco y negro.
El blanco
y negro parece tener la posibilidad de congelar la realidad, envolverla
en un espacio atemporal y, por supuesto, más imaginativo
y espiritual.
En este proceso hay, como decía, una cercanía feliz
con Brossa, pero también
una cierta admiración, un interés por el trabajo de
Vik Muniz, Wim
Delvoye, Liliana Porter o Mona Hatoum.
El conjunto de obras que componen la muestra que Moriarty presenta
en
Photoespaña, ponen de manifiesto no solo la fotografía
como obra y la
sutileza de ésta en el trabajo de Madoz, sino su dedicación
a la "fabricación
de objetos" con una extraordinaria capacidad poética
y evocadora. Es
la montaña estirada por el hilo o el tiempo detenido en el
vuelo de una
mariposa.
Estos objetos son en muchos casos, por qué no decirlo, objetos
surrealistas
en el sentido de mezclar distintos elementos que posibilitan nuevas
lecturas, pero que también tienen algo de absurdo. El caso
del frasco de
perfume-jeringuilla es realmente bello. Es el olor del cuerpo, inyectable,
como una fragancia interior. De la misma manera son los pendientes-auriculares
o el huevo-taza.
Tal vez los más sugerentes de la colección sean la
llave-lupa, un objeto
que abre puertas y que nos permite mirar más allá,
descubrir secretos.
Como secretos nos descubre el libro-mirilla y todo el poder evocador
y
poético del trabajo de Chema Madoz.
Juan-Ramón Barbancho
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DETRÁS
DA PEL
Galería C5. Santiago de Compostela
Hasta el 10 de julio
Detrás da Pel: el artista
Opinaba el escritor Jules de Goncourt que el más largo aprendizaje
de
todas las artes era aprender a ver; y con esta tesitura nos encontramos
en la exposición de fotografía Detrás da pel
que exhibe la galería C5
Colección de Santiago de Compostela. Una muestra colectiva
formada por
Manuel Sendón, Fran Herbello y Victoria Diehl. La exposición
está planteada
entorno a la versatilidad del soporte fotográfico como terreno
experimental,
donde nuestra realidad se ve asaltada por el imaginario del artista,
a través de la ambigüedad y la manipulación. La
obra seleccionada
toma como excusa la ficción de revelar y velar, en tanto imágenes
para
abordar una pluralidad de experiencias relacionadas con la evocación
y la
narración, la tradición y la técnica, lo efímero
y lo eterno o la belleza y la
decadencia. El denominador común es la piel, como metáfora,
como concepto
y como poética ilusoria, evidenciando diferentes formas de
trabajar
en este soporte.
Manuel Sendón (A Coruña, 1951) siempre ha apostado en
sus trabajos por
la ironía y la creación de nuevas realidades. En las
imágenes presentadas
bajo el título Fachadas, no hay personas, sólo arquitecturas
y telúricas que
hablan de una forma tan expresiva, que nuestros ojos advierten un
mensaje
codificado de belleza donde sólo hay ruinas. La piel se presenta
metáfora
que deja estallar nuestra imaginación como un telón
que se abre para
ceder paso a una nueva objetividad. Además de su labor artística,
ejerce
como profesor de fotografía en la facultad de Bellas Artes
de Pontevedra,
propiciando el contacto con nuevos valores que comienzan a despuntar
con discursos de gran interés teórico en el campo de
la nueva objetualidad.
Fran Herbello (Menziken, Suiza, 1977) ha desarrollado un trabajo
fotográfico entorno a la reflexión del cuerpo; sobre
la asimilación de los
cambios producidos en el mismo por diferentes agentes, ya sea por
factor
tiempo o por capricho del artista, donde series anteriores demostraban
la
manipulación grotesca, irónica y surrealista del autor
sobre la carne
humana. En esta exposición presenta "detrás da
pel" donde el paso del
tiempo se deja sentir en los retales de pieles anónimas que
instala en la
pared interior de la galería; dicha alteración supone
un ejercicio evidenciador,
frente a las envolturas de otras imágenes de la misma serie,
donde
la piel actúa de membrana protectora cubriendo unos rostros
que acaban
convertidos en retratos táctiles, que respiran detrás
de esa piel. Fran
Herbello imprime a este proyecto expositivo un impulso conceptual
y
surrealista muy personal, compartiendo al tiempo, el sentido evocador
que rodea la obra de Victoria Diehl (A Coruña, 1978). En las
piezas de esta
joven artista se resuelve la complejidad de su trabajo en: imaginación,
tradición y sugerencia. Su serie, "vida y muerte de las
estatuas", consta
de grandes retratos marmóreos que la artista manipula hasta
insuflarles
vida. Como la bíblica mujer de Lot, los cuerpos se muestran
como estatuas
de sal que confunden su origen humano y escultórico; observamos
que parecen condenadas a representar las fantasías que la artista
proyecta
sobre su piel: brillos, manchas, venas o mutilaciones, rompiendo de
esta forma el culto al cuerpo clásico de venus, galos y victorias
aladas.
En la contemplación y comprensión de estos diferentes
paisajes de la apariencia,
jugará un papel fundamental la figura del espectador, al que
convertirán
en receptor de diferentes imágenes que esconden mucho más
de
lo que ostentan, con mucho de natural como también de artificial
y construido.
Chus M. Domínguez
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DIÁSPORA,
DEZ ARTISTAS GALEGOS NO EXILIO LATINOAMERICANO
(1930-1970)
MARCO. Vigo
Hasta el 11 de septiembre
Bajo el signo del cine
El MARCO acoge la exposición titulada Diáspora,
dez artistas galegos no
exilio latinoamericano, 1930-1970, muestra coproducida con la
Fundación
Seoane y el CGAI, Centro Galego de Artes da Imaxe. Tanto el fondo
como
la forma en esta muestra introducen novedades y matices a las
artes
gallegas del siglo XX, destacándose como nexo argumental
del conjunto,
el lenguaje cinematográfico.
Al conocer el reflexivo y novedoso argumento de esta nueva perspectiva
de las artes gallegas en el siglo XX, uno "no puede evitar"
interesarse por
Diáspora. Una vez observados los trabajos pictóricos,
escultóricos y fotográficos
seleccionados, uno "no puede evitar" dejarse atraer
por estos
"dez artistas galegos no exilio latinoamericano". Finalmente,
al aprehender
en la exposición un repaso tan bien contextualizado de
las décadas
1930-1970, uno "no puede evitar", dejarse seducir por
este primer repaso
académico de la historia del arte gallego del siglo XX.
No responden a los fuegos fatuos estas primeras líneas,
sino que son consecuencia
de un riguroso análisis que intentaré argumentar
en las líneas
sucesivas.
Postrimerías y contexto
Desde ciertas tesis historiográficas, el siglo XX en el
ámbito de la literatura
y del arte, tiene su comienzo después de la primera guerra
mundial, o
sea en los años veinte, y muchas de sus manifestaciones
más señeras,
como la cinematografía rusa o expresionista, tienen su
datación en los
años treinta. Con las crisis bélicas, las crisis
económicas, las crisis sociológicas
y políticas en suma, se definen los ámbitos de las
artes del siglo
XX. Al impresionismo decimonónico, le toma el relevo un
realismo en cierta
medida mágico y los movimientos de vanguardias en las formas
del
dadaismo y el surrealismo. En las letras un nuevo concepto del
tiempo y
la memoria, aparecen sugerentes en Proust y Joyce. No cabe duda,
sin
embargo que, de que entre todas las artes, la que representa los
grandes
cambios de la modernidad de un modo más rotundo, es el
arte de la cinematografía.
Encierra la fotografía en movimiento, la vocación
de poner fin
a las diferencias de clases, la celebración de la creación
masiva, la reproductibilidad,
la simultaneidad, la fragmentariedad, los primeros planos y
el entretenimiento. El cine, como la novela moderna de Proust,
A la busca
del tiempo perdido, aportan yuxtaposición e inconexión,
comprensibles.
Los acontecimientos pueden estar separados décadas y parecer
contiguos,
los espacios pueden ser vecinos y parecer remotos. Es gracias
a que la
imagen en movimiento no necesita de traducción, que se
puede comprender
ese nuevo mundo moderno de la intertextualidad y el realismo social.
Diáspora
En ese contexto la muestra Diáspora, toma un arco temporal
que se inicia
con la década de los años treinta, coincidiendo
por tanto con la tesis
introducida en las líneas precedentes. Galicia, que no
era ajena al devenir
mundial en aquellas décadas, está también
en el centro de las convulsiones
del principio del siglo y por tanto los artistas gallegos, en
este caso los
artistas sortilégicamente elegidos (Botello, Castelao,
Colmeiro, Díaz
Pardo, Granell, Maruja Mallo, Seoane, Souto, José Suarez
y Carlos Velo),
presentan identidades discursivas con los signos de aquellos tiempos,
incorporando evidentemente los bellos particularismos de nuestra
tierra
de "rumorosos verdescentes".
Metafóricamente el comisario de la exposición, Carlos
López Bernárdez, ha
empleado los colores nazareno, grana y bermellón, para
referir plásticamente
los dramáticos acontecimientos vividos en aquellos años
y que en
definitiva marcaron tristemente el inicio de la diáspora
de los que discrepaban.
En cuanto a la selección de las obras expuestas, el don
de la ubicuidad
posibilita a reconducir a cada autor hacia uno de los rasgos definitorios
de
la época. No se trata de un agrupamiento maniqueo, antes
bien de una
celebrable acción comisarial, que ahonda aún más,
en un nuevo discurso
académico sobre la época y los autores. Todo ello
autoriza, una representación
del movimiento artístico gallego en la emigración
desde la tutela de
la cinematografía y sus aledaños.
Lo fragmentario, lo simultáneo
Los lenguajes artificiales propios, que evocaban un mundo subjetivo
ajeno
a la realidad, como el de Pablo Picasso, parecen representados
en la
muestra por los trabajos de Ángel Botello. Su cuadro Caballito,
circa 1942,
no solo evoca el expresionismo alemán y la nueva objetividad,
también
incide en un universo propio dentro de una realidad intangible
o mítica. Lo
mismo que los argumentos inmateriales del cine.
La selección de obras de Castelao, basculan el metrónomo
del nacionalismo,
entre los orientalismos vanguardistas y los realismos reivindicativos
de las series de guerra o de negros. La Rumba criolla (1938) da
cuenta de
la visión neorrealista cinematográfica de la que
se hace eco el de Rianxo
en sus dibujos.
Los cuadros de Colmeiro seleccionados, abarcan un amplio abanico
de su
trayectoria. Por ello, la percepción invita a tender un
hilo de conexión del
conjunto, a través del postimpresionismo. Sus vistas de
artes y oficios,
con evocaciones poéticas y aún mitológicas,
no ocultan una cierta melancolía
inherente a la fotografía estática o en movimiento
de la época. En el
cuadro Mineiros (1929) el expresionismo va cediendo espacio a
un nuevo
impresionismo latente, dúctil iluminador de todas sus creaciones.
En la obra de Isaac Díaz Pardo seleccionada, es posible
entender la oscuridad,
depresión y la atormentada sensibilidad del poeta asaetado
por las
dolorosas experiencias de aquellos años. Estas manifestaciones
semióticas
del dolor, aparecen también en diversas formas en el cine
soviético posrevolucionario,
que no evita una apreciación abstracta del mismo, separándolo
de todo mensaje. Lo mismo ocurre con estas creaciones de Díaz
Pardo, son tan narrativas o inmateriales como el observador desee
destacar
en su lectura. Apreciables son esos caracteres en su cuadro Concerto
(1945).
Las obras de Eugenio Granell, resumen excelsas la vocación
onírica del
surrealismo. En Cacique tribal (1969) se conjuga la búsqueda
de otras
latitudes y el objet trouvé, ambos cúlmenes de lo
bretoniano.
Los primeros planos, toman relevancia en la obra de Maruja Mallo.
Así su
obra Retrato de mujer negra (1951) adopta una presencia cinematográfica
al disfrutar de la faz cercana de la intérprete de este
papel principal. Lo
mismo que en film, le seguirán picados y contrapicados
de grupo.
Luis Seoane, con la obra O nacemento do teatro argentino (1956),
pone
de manifiesto su peculiar impronta de creador ecléctico,
al reunir en un
mismo panel, su peculiar cromatismo, un homenaje al postcubismo
y un
recuerdo a la joie de vivre de, por ejemplo, Dufy.
El expresionismo está de la mano de Arturo Souto, en especial
con su obra
Interior de camerino (1929). En el mismo parece estar aún
presente la
música de Marlene en un Berlín apócrifo.
En fin, José Suarez con su obra maestra fotográfica
Mariñeiros (1936) y
Carlos Velo, con entre otros, su film Galicia (1936) son el epítome
del
argumento cinematográfico de la muestra. Son las suyas
excelsas creaciones
de lo fragmentario y lo simultáneo.
El tiempo, ese que huye y sobre el que el narrador entretiene
páginas sin
fin, es el que, gracias a yuxtaposiciones y cesuras, nos ha permitido
interpretar
una época, la Galicia de la expectativas ilimitadas, con
un planteamiento
positivo y de creación de conciencia histórica.
Esta diáspora ha de
ser un inevitable en nuestra memoria, mas no una recidiva hostil.
Román Padín Otero
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EMPIRISMOS.
NUEVOS LENGUAJES DOCUMENTALES DE ESPAÑA Y
PORTUGAL
Galería 98. Centro Cultural Conde Duque. Madrid
Hasta el 10 de Julio
PhotoEspaña 2005 se inauguró con Empirismos. Nuevos
lenguajes documentales
de España y Portugal, la primera de las citas fotográficas
de este
Festival Internacional que, en esta ocasión girará
alrededor del tema de la
ciudad. Forma parte de los proyectos realizados desde el Ayuntamiento
de
Madrid, comisariada Horacio Fernández, también comisario
de esta edición
PhotoEspaña, y Sergio Mah, comisario de LisboaPhoto 2005.
Empirismos. Nuevos lenguajes documentales de España y Portugal
es una
propuesta organizada en colaboración con LisboaPhoto, en
la en que a través
de diez artistas visuales españoles y portugueses, la mitad
desde
Madrid y la otra mitad desde Lisboa, se plantea una nueva formulación
de
los lenguajes documentales.
Los artistas Lara Almárcegui, Pedro Gusmão&João
Maria Paiva, Manuela
Marques, Gonzalo Puch y Fernando Sánchez Castillo, estarán
en Lisboa,
mientras que Jerónimo Álvarez, Augusto Alves da Silva,
Antonio Julio
Duarte, João Tabarra y Juan Ugalde, presentan sus trabajos
en la Galería
del 98 del Centro Cultural Conde Duque. A través de esta
exposición se
pretende acercar al espectador a los trabajos visuales más
recientes de
estos artistas, algunos inéditos o realizados ex profeso
para PhotoEspaña.
Antonio Julio Duarte es el primero de los artistas que encontramos
en las
salas, presenta dos series fotográficas neodocumentales,
We Can't Go
Home Again con imágenes de la vida urbana en las grandes
ciudades de
China, y el titulado Cánil, una reflexión sobre la
posible condición humana.
Nos sitúa ante en el interior de una perrera de aire casi
hospitalario,
blanco y azulejado, en definitiva sombrío; la mirada huidiza
y atemorizada
de aquellos que la ocupan, inunda de ternura y un poco de ansiedad,
quizá uno de esos temas que nos lleva a girar la vista a
diario.
El proyecto firmado por Juan Ugalde, Ciudad Nueva Visión,
es una parodia
de la campaña publicitaria que promociona la construcción
de una
nueva ciudad.
En una pequeña sala, con dos sillas y un vídeo promocional,
recrea las oficinas
que las inmobiliarias sitúan en la obra. Los carteles, una
maqueta y
la película de la nueva ciudad llevan al espectador a reflexionar
sobre la
verdadera insostenibilidad del desarrollo inmobiliario.
La capacidad de convertir las zonas más yermas, cercanas
a ninguna
parte, en atractivas urbanizaciones totalmente vigiladas, valladas
y clónicas,
en las que no resulta extraño encontrar una pista de tenis
junto una
gran grúa que genera más y más viviendas.
El proyecto está envuelto con un toque de humor a través
de frases en los
carteles como Descampados con encanto, o Le gusta realmente mucho,
mucho conducir, pero siempre con un humor ácido que se esconde
tras la
reflexión de sustituir la "o" de Nueva Visión
en forma de por una calavera.
João Tabarra trata en sus vídeos de la retórica
de la representación en
Olhos nos olhos trabaja sobre la fotografía de Che Guevara
de Alberto
Korda, con una tridimensionalización digital, le confiere
volumen y movimiento,
hasta sumergir al espectador en la retina del símbolo político.
Jerónimo Álvarez presenta un trabajo constituido por
una serie de retratos,
personajes cotidianos que transmiten una idea de interculturalidad,
y
representaciones de paisajes urbanos. Conjunto que muestra Los Ángeles
como prototipo de ciudad global.
En la última parte de la exposición entramos en la
instalación de Augusto
Alves da Silva A nossa liberdade. El artista pretende reflejar la
banalidad
de la vida urbana tras los atentados del 11-S, a través de
una doble proyección
enfrentada. Imágenes que se repiten, se ralentizan y aceleran;
en
las que el impacto sonoro llega a ser mayor que el visual, el juego
del
silencio con una gran explosión final que hace al espectador
sobrecogerse.
En definitiva, una muestra que analiza la ciudad desde cinco puntos
de
vista diferentes, que se aunan por el nuevo planteamiento del lenguaje
neodocumental aplicado al arte, y un afán reflexivo que el
espectador no
podrá eludir.
Mónica Cachafeiro
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JOAN MOREY
NUEVA OLA Desencert
A time to love and a Time to Die
INJUVE/ Sala Amadís
Hasta el 17 julio
Joan Morey, fue elegido premio fotógrafo revelación
de PHE04, y para
reconocérsele este galardón, Injuve ha realizado una
exposición en la que
el joven artista mallorquín analiza los cambios culturales
en varias generaciones.
Convertido en una de las promesas del arte fotográfico, Morey
ha participado en la última edición de Arco, y en
la Bienal de Venecia, en
Milán, en Sydney... Pero el artista actual busca y consigue
aunar todo tipo
de desarrollo artístico y cultural en su persona. Una multidisciplinaridad
que Joan Morey refleja combinando su trayectoria como artista visual
con
colaboraciones en soportes editoriales como la revista Suite, además
de
ser el creador de la marca STP_Soy Tu Puta, bajo la que trabaja
interactuando
con mecanismos y lenguajes de la moda y el arte.Una oscura escalera
de bajada nos introduce en la sala donde un pequeño proyector
de
diapositivas marca un ritmo sonoro constante, acompañando
al video que
se proyecta en la gran pantalla dominando la pared. La única
luz que ilumina
la sala es la que permite descubrir la serie de veintisiete fotografías
en las que aparecen andróginos modelos sexualmente ambiguos,
aunque
explícitos, retratos en los que reflexiona sobre sentimientos
como el amor,
la indiferencia o la decepción. El estatismo de los retratos
surge de la propia
proyección, una especie de making off en el que los modelos
corren,
posan y se relacionan. Rápidos movimientos de cámara
con vertiginosos
planos en picado y contrapicado, unos zapatos o unos guantes como
hilos
conductores todo acompañado de una banda sonora que deriva
de la tranquilidad
musical al más ensordecedor estruendo del tráfico
urbano y un
cantante de rock un tanto siniestro que parece un personaje ensoñado.
La
estética que impregna la sala resulta sórdida y monocroma,
un blanco y
negro que solo abandona el vídeo en pequeños fragmentos
y en dos fotografías
de la amplia serie.
El vídeo como el leit motiv de todo el montaje, es una performance
que
se rodó en Barcelona, pero que también se realizó
en Madrid para la exposición
que nos ocupa.
NUEVA OLA Desencert A time to love and a Time to Die es un proyecto
creativo que gira en torno a la idea de la deformación, tergiversación
y/o
mala interpretación de los conceptos culturales con el paso
de los años.
Una muestra de arte conceptual alejada de los convencionalismos,
un
mensaje disperso, en el que el espectador tendrá que hacer
un ejercicio
para eliminar las barreras que lo alejan de los nuevos conceptos
y técnicas
resolutivas que se plantean. Un detalle a agradecer el del folleto,
una
reproducción de la fotografía de las manos entrelazadas,
quizá la más
poética de todas.
Mónica Cachafeiro
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KEITH HARING
Memoria Urbana
Museo Colección ICO. Madrid
Hasta el 31 de julio
La muestra, organizada por la Museo Colección ICO en colaboración
con
Keith Haring Foundation, rescata el arte urbano de Haring a través
de
imágenes que reflejan sus obras desaparecidas, con un planteamiento
de
montaje de lo más original.
Al contrario, que en la mayoría de las exposiciones las imágenes
no se
encuentran colgadas en las paredes, sino en unas mesas donde el
visitante
puede asomarse y ver distintas series en pequeño formato.
Casi como
un álbum privado, las fotografías, captadas en el
momento de creación de
los graffitis, posando con amigos o la obra en sí misma...
reflejan la mejor
manera de dar continuidad temporal a un tipo de creación
concebida para
su desarrollo en el marco urbano, con lo efímero e inestable
que supone.
Todo este despliegue expositivo funciona como testigo de la obra
y vida
de Keith Haring, apoyado con textos, catálogos y vídeos
en los que el visitante
pueda entrar en contacto y conocer de una manera más directa
al
malogrado artista.
El joven Haring representaba la contracultura de los años
ochenta.
Comprometido con los movimientos de barrio y los colectivos más
desatendidos,
consiguió combinar gracias a su formación, a los artistas
del
graffiti autodidactas y la corriente principal de artistas jóvenes,
siendo
junto a Basquiat, uno de los principales baluartes de la estética
del
momento.
En una época en la que las culturas urbanas comenzaban a
bullir, y las
expresiones artísticas callejeras como el graffiti y el breakdance,
eran consideradas
un acto vandálico digno del más duros de los castigos,
Haring
elaboró toda una serie de iconos y símbolos que poco
a poco fueron asentándose
gracias a una frenética actividad en estaciones de metro,
farolas,
vallas publicitarias y demás mobiliario urbano.
Su iconografía se inspiró desde el principio en los
dibujos animados, y se
dejó influenciar por arte esquimal, africano, maya, y otras
expresiones
artísticas, toda una mezcla que caracteriza la concreción
en una estética
semiabstracta de líneas gruesas y silueteado. Su imaginería
está repleta
de elementos sexuales con platillos volantes, personas y perros,
a los que
se añadieron más tarde las figuras corriendo, bebés
gateando, la famosa
cara sonriente, pero también televisiones, teléfonos
y referencias a la
energía nuclear.
Haring consiguió que todo este elenco de símbolos
se convirtiera en objeto
de culto, a través del marketing y merchandising publicitario
y llegó a
abrir una boutique en la que vendía sus productos, de fama
mundial. A
pesar de su gran éxito en el mercado nunca llegó a
abandonar los circuitos
callejeros y su fuerte compromiso con los más desfavorecidos,
fundando
en 1989 la Keith Haring Foundation centrada en los problemas sociales.
A través de la exposición, podemos entrar en contacto
con el espíritu creativo
del artista, los atisbos de sus obras y la relevancia que alcanzó
en
su momento. Los textos y catálogos son biográficos,
relatando anécdotas,
proyectos y trabajos internacionales. El montaje de video, en la
segunda
planta, muestra diferentes fragmentos en los que podemos ver a Madonna
con una traje estampado por Haring, al artista pintando una gran
lona
mientras un bailarín interpreta una pieza conceptual y otros
momentos
creativos.
Además, se presentan algunas de las piezas callejeras que
se conservan
del artista, y el espectador puede así entrar en contacto
con la dimensión
más tangible de la obra, dos grandes paneles de papel dibujados
con tiza
blanca y unos carteles publicitarios con sus típicos personajes.
Finalmente, para captar la dimensión más populista
de la exposición no te
pierdas los jueves y sábados, un taller para familias y niños
donde los
pequeños entran en contacto con la estética y técnica
del artista y su propio
"yo" más creativo.
Mónica Cachafeiro
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