Morphosis
Los premios Pritzker son a la arquitectura lo que los Oscar son
al cine o,
más específicamente, lo que los Nobel a sus respectivas
categorías. Es
decir, son el premio más importante que se puede obtener
en la materia,
y al mismo tiempo sería absurdo tomarlos como un referente
absoluto de
calidad. Su convocatoria, sin embargo, sirve para reabrir periódicamente
el debate arquitectónico y medir el pulso social de la disciplina.
El último de estos premios recayó recientemente en
Thom Mayne, socio
fundador y cabeza visible del estudio de arquitectura Morphosis,
cuyo
nombre traducible como "en formación" ya anuncia
la imagen inquieta y
la intención procesual de sus edificios. Fundado en Los Ángeles
a comienzos
de la década de los setenta, Morphosis fue ensayando y labrando
sus
peculiares métodos en proyectos de pequeña escala:
viviendas unifamiliares,
reformas de locales comerciales y algunos restaurantes, sometidos
a
sistemática desestructuración fueron dando lugar a
la muy característica
imagen del estudio al tiempo que lo consolidaron y dieron fama internacional.
La entrada en los noventa supuso para ellos el acceso a proyectos
de mayor envergadura y el comienzo de su carrera internacional.
Su progresión
ha sido creciente desde entonces y su futuro, con un Pritzker en
la manga, solo puede ser ya sideral.
Sin embargo, la arquitectura de Mayne (en especial en comparación
con
la de sus "olimpicos" compañeros de Pritzker),
no ha gozado nunca de un
gran respaldo, al menos en Europa. Muy premiado en su país,
ni la crítica
europea, ni los medios, ni aún los estudiantes de arquitectura,
que con su
consumo entusiasta sustentan buena parte de este espectáculo,
han apoyado
su arquitectura desde el viejo continente. ¿A qué
es debida esta
tibieza? No es extraña, en realidad. Mayne es un arquitecto
complicado,
personal y muy, muy californiano.
Formado en los sesenta en California, sus bases ideológicas
se hallan en
el posmodernismo americano, corriente intelectual que, pasada una
primera
fascinación, fue pronto pervertida y ridiculizada hacia su
versión más
kistch, en favor de otras corrientes coetáneas. Es a partir
de lo mejor de
aquella tradición que Mayne crea los métodos de trabajo
que ha venido
constantemente evolucionando y perfeccionando a través de
más de tres
décadas. Su sólida e incluso obcecada evolución
hacia lo contemporáneo,
hacen que su arquitectura nos resulte hoy familiarmente extraña.
Olvidada o mal interpretada la matriz ideológica original,
la contemporaneidad
de sus frutos nos deja perplejos y con sensación de vacío.
Y es que
él ha llegado hasta aquí por otro lado.
Uno de los intereses característicos de Mayne es "cuestionar
la prioridad
de la función dentro del proceso de diseño y la suposición
de que la satisfacción
de nuestras necesidades es el objetivo más importante"*1.
Es
decir, ¿es necesario que la forma responda a la función?
Este planteamiento
casi "fundacional" del posmoderno, reactivo al supuesto
funcionalismo1
de la etapa anterior, pretende una cada vez mayor independencia
formal.
Dado ya por "resuelto" el problema de la función,
dejemos que las formas
expresen sus propios significados. Y de qué mejor podrían
hablar que de
la incertidumbre y complejidad de la vida (pos)moderna, otro tema
programático
que Mayne ha sabido como pocos desarrollar: "Existía
una yuxtaposición
intencional de materiales diversos en conjunción con el uso
de
un gran número de partes y una deliberada interacción
de elementos
estructurales y no estructurales"*2. El texto es denso y nada
inocente.
Cada palabra tiene su exacta posición para describir la idea
pretendida: la
búsqueda de la complejidad, (o de la confusión).2
Hay aquí un matiz importante: Mayne busca la complejidad
(de forma "intencional"
y "deliberada"). La complejidad que tantos arquitectos
contemporáneos se
afanan por gestionar, como algo fascinante pero sobrevenido a lo
que es ineludible
dar ya respuesta, es en Mayne algo pretendido, e incluso autogenerado.
Sus
proyectos podrían ser sencillos. Sus esquemas funcionales
a menudo lo son. Con
frecuencia sus plantas pecan de "convencionales" en relación
con el resultado global.
Pero Mayne cree en una arquitectura compleja, y aprovechando la
libertad que
otorga a las formas, las usa para crearla de forma intencional.
"Hay que agarrarse
a lo difícil porque es difícil y porque es precisamente
esa dificultad lo que le da
valor"*3. Este es su pensamiento: una punzada entre el nihilismo
y la pasión.
Desde luego domina la dificultad con maestría. Su forma de
proyectar consiste
en dejar caer un posible proyecto sobre otro, superponer una a otra
las estrategias con las que se podría resolver el proyecto
y buscar entre
todas ellas las formas que le interesan. Geometrías contrapuestas,
intenciones
dispares, relaciones esbozadas y sólo a medias abandonadas
componen
el magma desde el que sólo un esforzado y muy dotado héroe
de
la dificultad podría hacer emerger un proyecto. Sólo
un proyecto emergente
de tal magma podría contener los hallazgos formales que abundan
e la
obra de Morphosis.
Sus formas son fascinantes, sus métodos nos desconciertan
y sus contenidos
nos hacen dudar. Nos desvelan procedimientos que tal vez nuestra
historia quiso olvidar. Podemos tacharlos de vacíos, de formalistas,
de
banales y sobre todo de derrochadores (la superposición de
tantos elementos
y materiales a menudo carentes de un uso práctico corren
sin
duda a cargo del promotor3), pero si encienden el debate y son capaces
de hacer que nos replanteemos nuestra forma de proceder, entonces
son
los candidatos perfectos para un premio. ¿No era para eso
que decíamos
que valían los premios?
Bueno, a ellos seguramente les sirva de mucho más...
Jorge Minguet Medina
NOTAS:
1 No creo que hoy
nadie crea ya en un (único) Movimiento Moderno de corte funcionalista,
habida cuenta de que las corrientes emergentes más brillantes
tienen sus
bases ideológicas precisamente en los márgenes de
tal pretendido movimiento.
2 El tema de lo "complejo" frente a lo simplemente "complicado"
o "confuso". que
subyace en esta exposición sería objeto de un tratamiento
más detallado que desborda
el espacio de esta publicación y la concreción de
su temática. Para interesados
en el tema, les remito a mi autor fetiche en la materia, Edgar Morin,
en su
"Introducción al pensamiento complejo" Gedisa,
1995. Si sus inclinaciones son
más científicas, pero aún dentro de la divulgación,
preferirán probablemente a
Jorge Wagensberg (varios libros en Metatemas, de Tusquets) En cualquiera
de
ellos encontrarán explicaciones más que brillantes
sobre la materia.
3 Alguien dijo alguna vez que no hay buenos arquitectos sino buenos
promotores,
pero también hay sobrados motivos para hurtar este tema de
nuestro contexto.
CITAS:
*1 Thom Mayne/Michael Rotondi, Santa Mónica, octubre de 1989.
Prefacio
a"Morphosis. Edificios y proyectos" (Kliczkowski publisher/Asppan/CP67),
1993.
*2 Ídem. al anterior.
*3 a Anatxu Zabalbeascoa en artículo publicado en EP[S]Casa
del 28 de Mayo del
2005.
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