Texto: Xosé Manuel Lens
Una correspondencia de relaciones, de consensos sobre la identidad, siempre con el cuerpo como medio y campo de investigación; diálogos que se establecen desde el estudio y presentación de memorias concentradas con la presencia única de la figura. Andrea Costas (Vigo, 1978) construye territorios de certidumbres emocionadas en un contacto directo con el lugar propio, pendiente de un diálogo que completa el lector. Referencias que se amplían emitiendo mensajes de identidad que cualquiera reconoce y hace suyas, definidas por el carácter autobiográfico que ficciona y retroalimenta en toda su trayectoria.
Un abrazo. ¿Qué significar abrazar? Un beso. ¿Qué significa besar?. Testimoniar un instante de conexión, de complicidad física. Andrea Costas compacta desde la fotografía segmentos de las relaciones humanas, proponiendo lugares y escenarios con sus respectivos actores, justos y precisos, dispuestos a evidenciar el protagonismo de lo corporal como reflejo y síntesis de la experiencia. El recurso de retrato dual, como oposición y posibilidad, como nuevo diálogo que se enmarca en sus particulares composiciones de analogías familiares, estructura y afianza sus puntos de fusión entre lo físico y lo personal; en este caso en el retrato de dos miembros de su familia: padre y abuela. Nexos de vínculos generacionales que, sin duda, refundan sus obsesiones sobre el paso del tiempo, de los diversos tiempos que cohabitan en su proximidad. Fotografías temporales que se advierten en una topografía telúrica y en la luz que se retiene marcando la anatomía, erosionando.
La familia y su proyección, sombras y espejos de nuestra propia herencia, se presentan como línea de observación imborrable en la producción de esta autora. En la serie Incorporados superponía sobre su cuerpo desnudo diversos fragmentos corporales, mientras en Tiempo al tiempo debatía en una duplicidad de poemas anatómicos. Esta nueva composición activa ese lugar familiar, pero desde una sucesión de mensajes presentes que se exponen propios de un travelling de anotaciones previas que indican y subrayan, que anteceden y prologan. El guión de una narración que ejecuta el lector cuando traslada la cotidianidad provocada de la autora, real, en una ficción actuada, extraordinariamente real. Una suerte de intento, de acción que existe desde la inspección de las reglas de presentación, donde lo emotivo marca y queda tatuado encima de nuestra propia visión.
Andrea Costas representa una generación que se reconoce en la proyección de imágenes exportadas desde el deseo, traducidas de un espacio cotidiano, habitual. La fotografía como ejercicio de enseñar y depurar los lugares de nuestros dramas. La obra que pregunta sobre el espejo, las sombras e imaginaciones de nuestra propia identidad, en construcción.
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