PUBLICACIÓN DE ARTE Y CULTURA
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Edita


Oviedo, paraíso del melómano

Si por algo se caracteriza la cultura asturiana es por su marcado interés
por la música. Se podría decir que entre todas las manifestaciones artísticas
que se desarrollan en el Principado la música es, sin duda, la más
privilegiada. La presencia de cuatro formaciones sinfónicas de mayor o
menor enjundia, una temporada de Ópera de prestigio internacional, otra
de Zarzuela del Campoamor, los distintos Festivales de Danza, las
Jornadas de Piano, el Ciclo de Conciertos del Auditorio o el prestigioso
Festival de Música Antigua, son tan sólo algunos de los datos que confirman
el nivel musical de una región que cuenta con una población de alrededor
de un millón de habitantes.
Lo más curioso de este hecho, es que si bien es cierto que en toda la
región se respira un ambiente musical sobresaliente, es la ciudad de
Oviedo la que acapara la mayoría de los eventos musicales de mayor
importancia. De esta forma, si Gijón es conocida como la Liverpool del
norte de España por su interés por la cultura musical alternativa, a su ya
consagrado Festival de Cine y a ser un referente para el arte y el teatro
asturiano; y si en el caso de Avilés hablamos de un espacio cultural en
continuo desarrollo debido sobre todo al esfuerzo realizado por Antonio
Ripoll a través del Teatro Palacio Valdés y del Auditorio de la Ciudad;
Oviedo se ha convertido desde hace años en uno de los puntos de referencia
musicales de la península, con un prestigio reconocido a nivel
nacional e internacional.
La ciudad cuenta con tres espacios para su programación musical: el
Teatro Campoamor, el Auditorio Príncipe Felipe y el Teatro Filarmónica, a
punto de terminar una reforma estructural. Aparte hay que situar a sus
agrupaciones musicales sinfónicas. La agrupación de mayor entidad es la
Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA), con sede en el
Auditorio y de la mano de su director titular, Maximiano Valdés, mantiene
una interesante temporada de abono a lo largo de todo el año, ofreciendo
conciertos en varios escenarios de la región, y con una política de intercambio
y colaboraciones que propiciará, entre otras cosas, el estreno de
la Sinfonía nº 2 de K. Penderecky el próximo seis de abril. Le sigue la
Orquesta Sinfónica Ciudad de Oviedo (OSCO), que si bien fue creada a
instancias del Ayuntamiento de Oviedo como una agrupación de foso, ligada
a la Temporada de Zarzuela, con el austriaco Friedrich Haider como
flamante director titular está alcanzando unas cotas artísticas de cierta
categoría sinfónica.
Hay que sumar a estas agrupaciones musicales las estrictamente vocales.
En este sentido sobresale el gran Coro de la Fundación Príncipe de
Asturias, el Coro Universitario y el Alfonso II el Casto, el coro de la Capilla
Polifónica y el Coro Lírico.
El Teatro Campoamor, con alrededor de 1400 asientos, está dedicado casi
en exclusiva al teatro lírico: a la ópera y a la zarzuela. Es allí donde se
desarrolla el Festival de Ópera de la Ciudad, que este año ha cumplido su
LVII edición; por cierto, con un bagaje artístico que ha llamado la atención
de toda la crítica nacional especializada. En la reciente edición se han
ofrecido cinco títulos, Elektra, Tancredi, Le Nozze di Fígaro, Lucrecia Borgia
y Aida, con un total de tres funciones por título y unas perspectivas de crecimiento
ciertamente optimistas. En el mismo teatro se desarrolla también
la Temporada de Zarzuela de Oviedo. La presente temporada, que dio
comienzo el pasado 22 de febrero con El Asombro de Damasco, de Pablo
Luna, y se hizo seguir en marzo con La Chulapona, de Moreno Torroba,
ofrecerá también los siguientes títulos: El Barberillo de Lavapiés, de
Barbieri los días 26, 27, 29 y 30 de abril; La Venta de Don Quijote, de
Chapí y El Retablo de Maese Pedro, de Falla, los días 17, 18, 20 y 21 de
mayo; y La del Manojo de Rosas, de Sorozabal, los días 7, 8, 10, 11, 13,
14 y 15. En todos los casos se trata de producciones procedentes del
Teatro de la Zarzuela, gracias a la colaboración que el Ayuntamiento lleva
manteniendo desde hace años con el INAEM, convirtiendo al Campoamor,
tras el coliseo madrileño, en el teatro de referencia de la península en este
género lírico.
Si el Campoamor se ha especializado en lo lírico, el Auditorio se convierte
en el referente de lo estrictamente musical, acogiendo dos de los Ciclos
más interesantes, Las Jornadas de Piano, con una programación del más
alto nivel interpretativo, y que en la presente temporada ha acogido conciertos
de pianistas de la talla de Leif Ove Andsnes, Iván Martin o Stephen
Hough. Las próximas citas serán el 18 de abril, con un recital a de Thamás
Vásáry, y el 7 de mayo, con Horacio Lavandera y la OSCO.
Otro de los ciclos de mayor interés es el de los Conciertos del Auditorio.
Se trata de un magnífico ciclo de conciertos que en su actual edición ya
ha dejado algunos momentos ciertamente brillantes de la mano de la
maravillosa violinista Leticia Muñoz y la Filarmónica de Frankfurt, de la
Orquesta Sinfónica de Baden-Baden y Friburgo, con Michael Gielen como
director, o con recital de violín y piano ofrecido el pasado 6 de marzo por
Pinchas Zukerman y Marc Neikrug. Algunos de los conciertos de mayor
interés aún están por llegar en los próximos meses, entre los que destacamos
los que ofrecerán el tenor Francisco Casanova, la Orquesta de los
Campos Elíseos, de la mano de Philippe Herreweghe, el 5 de mayo; la
Sinfónica de Bournemouth el 16 de mayo, o el ofrecido el 25 de ese mismo
mes de marzo por la Sinfónica de la Radio de Flandes, con Yoel Levi como
director, por poner varios ejemplos cercanos.
Además de su interés por lo musical, en los dos últimos años se ha apostado
por volver a potenciar el Festival de Danza de la Ciudad. En la presente
edición se ha invitado al ballet Flamenco de Sara Baras, que ha visitado
la ciudad con su reconocido espectáculo Mariana Pineda. En las próximas
citas se podrá ver a compañías como el Ballet Nacional de Cuba,
que ofrecerá el 31 de marzo y el 1 de Abril los montajes de Don Quijote y
La Magia de la Danza. El 11 de abril estará en el Campoamor la Compañía
Nacional de Danza 2, representando Arenale, Inside y L´Amoroso; y el 4
de mayo el Ballet de Lorraine, ofreciendo La Sravaganza, Juana de Arco y
Rave
¿Y cuál es el secreto de que la vetusta y heroica ciudad de Clarín se haya
convertido en un vergel musical del más alto nivel? Fundamentalmente
tiene que ver con dos motivos: por un lado el interés del Ayuntamiento de
Oviedo, una institución que siempre ha apostado fuerte por la cultura
musical de la ciudad; y por otro lado, la respuesta de los propios ovetenses,
que llenan una y otra vez todos y cada uno de los conciertos y demás
citas musicales.

Aurelio M. Seco


 
   
 

 

EL ENTRENADOR Y LA TARTA DE LIMÓN
Million dollars baby


La intención inicial de este texto es un breve acercamiento a la etapa más
reciente de la obra de Clint Eastwood desde una óptica estrictamente cinematográfica.
Para ello escogeré como modelo su último trabajo en cartel,
Million dollars baby.
La estrategia escogida para tal fin se vehiculará por medio del establecimiento
de algunos recursos narrativos básicos para la construcción del
relato , así como de los principios temáticos rectores en los que se asienta
el film; con el objetivo de cotejar si estos últimos se han modificado
sustancialmente, o por el contrario, sólo han alcanzado cotas de sincretismo
y concesión en su plasmación en el seno del relato (1).
Para comenzar nos ocuparemos de algunos aspectos modales de la narración:
la temporalidad y la espacialidad, para continuar con el narrador y
la palabra, y más concretamente la voz, figura provista de entidad propia
y no mera comparsa de la imagen.
Million dollars baby estructura y desarrolla su temporalidad por medio de
una analepsis que contiene en su seno otras dos, ambas de escasa longitud.
Nos encontramos ante el recurso de un relato acontecido en el pasado,
unos hechos pretéritos evocados para nosotros por una figura narrativa
delegada.
En cuanto al espacio, observamos la utilización de determinados recursos
para su generación, confirmando su pertenencia al modelo narrativo clásico
hollywoodiense: el uso del campo contracampo, el marcado establecimiento
de la contigüidad física a través de los bordes del cuadro, la utilización
activa del campo in/off, la gradación escalar del plano (tendente a
la fragmentación del cuerpo por exigencias dramáticas), y los pertinentes
movimientos del encuadre, configurando un espacio habitable y activado
por el dinamismo y la proxémica de los personajes. También creo conveniente
resaltar el carácter luminal del film. La luz, que en destacadas ocasiones
pertenece a elementos de la diégesis (iluminación por fuentes inherentes
al espacio físico del relato), genera un marco espacioambiental propicio
para cada escena, destacando como coadyuvante en el plano de la
connotación.
En segundo lugar, haremos referencia a la figura del narrador. Al comienzo
del film no sabemos a quién pertenece esa voz over que circula sobre
las imágenes, pudiendo colegir que nos encontramos ante la figura del
acusmaser-comentador (2), esa especie de personaje-voz específico del cine,
cuyos poderes misteriosos se deben al hecho de que se le oye pero jamás
se le ve. Sólo después de unos minutos descubrimos la corporeidad de esa
voz, pertenece a Nat, uno de los personajes del film. Esta voz y su uso
confirman la teoría vococentrista aplicada al universo fílmico: en el cine no
hay sonidos en los que se incluye, entre otros, la voz humana; hay voces
y todo lo demás. En cualquier magma sonoro, la presencia de una voz
humana jerarquiza la percepción a su alrededor.
Es a este personaje a quien se le otorga la posibilidad de la presentación
de los hechos del universo diegético (3), dotándolo de una voz over que presenta
diferentes funciones en su interacción con el material audiovisual
que se presenta ante nuestros ojos. Nat comparte su conocimiento con el
espectador a través del proceso de identificación de éste con la hija de
Frankie, personaje que no adquiere presencia fílmica ni a través del campo
visual (no posee corporeidad) ni por medio del registro sonoro (no posee
voz); pero que se revela como destinataria del relato por medio de esa
carta en la que éste cuenta la historia de su padre.
Para finalizar este recorrido nos referiremos a la temática y a elección
genérica del film. El film se nos presenta, aparentemente, como una historia
sobre el mundo del boxeo: la historia de una joven aspirante y de
dos veteranos que la ayudarán a superarse. A medida que el relato avanza
revela que el marco genérico no es más que un pretexto, un subterfugio.
El tema inicial de la superación y de la lucha tanto en la lona como
en la vida queda relegado a un segundo plano en la estructura dramática,
puesto que a medida que el relato discurre afloran como figuras temáticas
de primer orden la culpa, la soledad y el amor, puro, en esencia, como
tema principal del film. El trío protagonista establece entre si un ámbito
relacional en el que la palabra se confirma como el recurso de comunicación
fundamental. El diálogo entre los personajes casi siempre va a alcanzar
ese tono confesional e íntimo en el que lo dicho alcanza gran trascendencia.
La palabra y la obra se convierten asi en la forma de conocimiento
del otro, provocando de esta manera que afloren los afectos de forma
inevitable, estableciendo de esta manera vínculos de una solidez inquebrantable
entre ellos.
Como conclusión podríamos decir que Million Dollars Baby prosigue la tendencia
del realizador norteamericano y su troupe, de convertir la supuesta
prisión del clasicismo y de su modelo narrativo en un marco ideal para
realizar crónicas, profundas reflexiones no sólo de la historia pretérita o
actual de su nación, sino de la más general y humana condición.

Suso Novás Andrade

(1) Es necesario precisar que este modelo concuerda con la definición de David Bordwell de narración clásica hollywoodiense
(2) Esta definición y las correspondientes citas han sido extractadas de la obra de Michel Chion "La voz en el cine"
(3) Conviene recordar que estamos ante una delegación, el meganarrador fílmico delega esta función en el narrador personaje, posibilitando ese grado de conocimiento con grandes dosis de subjetividad. El personaje todo lo sabe, todo lo ve, posee un estatuto cuasi plenipotenciario, llegando a narrar hechos que no ha presenciado. He aquí la magia de la narración clásica: la tendencia al absoluto borrado de las huellas de la enunciación.