PUBLICACIÓN DE ARTE Y CULTURA
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BACON/PICASSO

La vie des images
Musée national Picasso. Paris
Del 1 de marzo al 30 de mayo

La obra de Picasso se revela trascendental en la trayectoria artística de
Francis Bacon. Es en 1927, al visitar la exposición Cien dibujos de Picasso
en la galería Paul Rosenberg de París, que el joven irlandés decide dedicarse
a la pintura: "No pensaba en absoluto convertirme en pintor [...] no
he ido a ninguna escuela. ¡Picasso!, ¡Las obras de Picasso entre 1926 y
1930! Recibí un shock tan grande que quise convertirme en pintor". Bacon
se halla en el punto de partida de un viaje iniciático en el que la obra
picassiana se convierte en su principal opción, tanto desde el punto de
vista temático como estilístico.
En el marco de la exposición Corps Crucifiés (Cuerpos Crucificados) de
1992, el Musée national Picasso lleva a cabo un primera aproximación a
las relaciones existentes entre las obras de los dos artistas. La Crucifixión
de Picasso de 1930 y el tríptico de Bacon Tres estudios de figuras junto a
una Crucifixión, realizado en 1944 son presentados por vez primera de
forma conjunta. Francis Bacon, especialmente emocionado con el proyecto,
fallece en Madrid el 28 de abril del mismo año, sin haber podido asistir
personalmente al evento.
En esta nueva exposición se efectúa un recorrido por las grandes temáticas
en las que confluyen Bacon y Picasso. Su título, La vie des images (La
vida de las imágenes) hace referencia a la evolución de éstas a través de
las múltiples adaptaciones y reinterpretaciones por parte de los artistas.
No estamos ante un caso de pastiche limitador, sino ante una fuente de
inspiración creadora que enriquece y prolonga la vida de las imágenes.
La exposición se abre con una primera sala, en la que, a modo de introducción,
y, pese a que el artista destruyó la mayor parte de su producción
inicial, se comparan algunas de las primeras obras de Bacon con los dibujos
y cuadros surrealistas (1927 - 1930) de Picasso en los que están basados.
En esta sala encontramos, entre otras, la obra de Bacon Interior de
estudio, realizada hacia 1934, confrontada con La nadadora de Picasso de
1929. La figura que ocupa el espacio central del estudio tiene una clara
inspiración en el cuadro del artista malagueño. El color, la forma, el contorno,
la expresividad, todo nos remite a la inquietante presencia antropomórfica
de La nadadora.
Especialmente para la ocasión, se ha realizado, en lo que fue la antigua
capilla del edificio, una reconstitución de los dibujos de Picasso que tanto
impactaron a Bacon en 1927. Se trata de documentos fotográficos provenientes
de los archivos de la galería Paul Rosenberg de Paris, la misma en
la que se llevó a cabo la mítica exposición.
A través de las salas por las que transcurre la muestra, las obras se presentan
siguiendo un criterio temático. En relación con la llave podemos
contemplar Bañista abriendo una cabina (1928) y El estudio (1928 - 1929)
de Picasso, asociadas al tríptico de Bacon A la memoria de George Dyer
(1971). Se hallan asimismo La Crucifixión (1930) de Picasso, junto con
una segunda versión del tríptico de 1944 (1988) y una pequeña
Crucifixión (1933) de Bacon. Otros temas comunes son: las tauromaquias,
los retratos, los desnudos y las elegías; comportando obras tan relevantes
como Corrida: muerte de un torero (1933), la escultura Cabeza de
mujer, Fernanda (1909) y el Gran desnudo sobre sillón rojo (1929) todas
ellas de Picasso; o Tres estudios para un autorretrato (1972), Desnudo
acostado (1969) y Estudio del cuerpo humano (1987) de Bacon.
Resulta muy interesante (aunque no fácil de localizar) una pequeña sala
situada en el sótano del museo, donde se exhiben algunos documentos
pertenecientes al archivo personal de Francis Bacon. Sorprende ver que
gran parte de ellos están relacionados, no ya con las obras de Picasso, sino
con el personaje en sí. Las numerosas fotografías, recortadas, analizadas,
pintadas, semidestruidas; reflejan un interés que va más allá de la simple
admiración. La imagen del artista adquiere valor de icono, convirtiéndose
prácticamente en un fetiche, en una obsesión.

Sonia Miralles Bou


 
   

 

 


BRUCE NAUMAN

Raw Materials
Turbine Hall. Tate Modern. Londres
Hasta el 2 de mayo

La impresionante Sala de Turbinas de la Tate Modern es uno de los espacios
más sugerentes, y a la vez más difíciles de intervenir para cualquier
artista que se precie, así que, tanto puede ser un reconocimiento a una
trayectoria consagrada, como un castigo si no se resuelve con inteligencia
el encargo. Se trata de aprovechar un espacio apabullante, cargado de
connotaciones (la antigua central eléctrica, el museo, que es una de las
principales atracciones de Londres actualmente), y no verse aplastado por
él. Bruce Nauman (Indiana, EE UU, 1941) resuelve con sabiduría el problema
y su obra sale reforzada del reto: ocupa por completo este espacio
con el ruido envolvente de muchas voces que se solapan entre ellas y con
las de los cientos de visitantes, creando un espacio despersonalizado e
inquietante: grabaciones en las que actores repiten hasta la saciedad saludos,
insultos, declaraciones, o juego s de palabras a partir de una proposición
que se va repitiendo y modificando insistentemente, con un ritmo
machacón y agobiante.
Nauman dispuso para esta obra de antiguas grabaciones (algunas eran de
por sí obras autónomas, otras formaban parte de instalaciones o videoproyecciones)
que reunió y dispuso en bandas que recorren todo lo largo de
la sala por medio de amplificadores en los laterales, flanqueando el paso
de la gente que debe acercarse y prestar atención para entender las declaraciones
que se vierten como una letanía, hasta llegar a una ansiedad tragicómica.
Nauman nos recibe nada más entrar en la Tate Modern con un
Thank You, Thank You, Thank You! insistente y ridículo, de una voz histriónica
y chillona, para acto seguido declarar que no deberíamos estar allí
(You May Not Want To Be Here!); para seguir con obras ya clásicas en la
trayectoria del artista como Amazing Luminous Fountain, enunciado en
portugués (en la que la gente se ríe de la idea de que el arte nos revela
verdades maravillosas); o Antro-Socio, Good Boy, Bad Boy, etc.
La obra es concebida por el artista como un montaje a partir de otras ya
existentes, en el que sabe que algunas perderán parte de su fuerza original,
pero donde lo que importa es el efecto de conjunto, el magnífico collage
que se superpone y confunde con los movimientos y voces de los cientos
de visitantes. Es como el resumen de un alarga trayectoria que comenzó
en los años sesenta, cuando Nauman abandonó la pintura y se internó
en la exploración de otros territorios: vídeo, instalación o performance; y
que hizo de él uno de los padres de las tendencias conceptuales del arte.
Pero aquí, se centra en sus obras sonoras. En este sentido, la influencia
de la música de Jonh Cage es evidente, por su confianza en el poder evocador
y revelador de los registros aleatorios o no condicionados de sonidos
de la calle (el sugestivo poder de evocación del azar, del silencio, del
transcurrir, que nauman ejemplifica muy en otra obra, la vídeoinstalación
Mapping the studio II with color, shift, flip, flop & flip/flop - Fat chance
Jonh Cage- de 2001 de la Colección Tate). Pero además, como se ha señalado
repetidas veces, hay un trasfondo que revela su interés por la escritura
de Samuel Beckett (la repetición exasperante de sentencias, la narración
que parece dar vueltas constantemente sobre sí misma, el carácter
tragicómico de los personajes), y por las teorías de Ludwing Wittgenstein
sobre el lenguaje, que transforma el artista en declaraciones que modifica
ligeramente en cada repetición, según le quite o añada una palabra,
hasta cambiar completamente su significado.
De fondo, por detrás del barullo de los cientos de visitantes anónimos y
de las declaraciones o mandatos repetitivos de los recitadores de Nauman,
el ruido constante e incómodo de los generadores de la vieja central eléctrica
amplificados, envolviéndolo todo, como el rumor del viento cuando
se cuela por una puerta vieja o una ventana mal cerrada en un día de temporal.
Es cómo si volviera, como un fantasma, el recuerdo de su Pay
Attention, Mother Fuckers!! Para que despertemos del letargo al que a
veces nos conduce tanto consumo de "turismo cultural".

Miguel Anxo Rodríguez