PUBLICACIÓN DE ARTE Y CULTURA
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BILL VIOLA
The Passions


Fundación La Caixa. Madrid
Hasta el 15 de mayo

Metamorfosis de la visión

Apropiarse de los estereotipos visuales de la tradición pictórica tardomedieval
es el eje sobre el que evoluciona el trabajo que el norteamericano
Bill Viola ofrece en su obra The Passions. Pero esta apropiación se transmite
mediante las normas de una nueva visualización: a través de la imagen
en movimiento y las texturas del vídeo digital. Además, asumiendo los
recursos de puesta en situación cinematográfica, maneja a los actores
hasta el punto de someterlos a una férrea rigidez en su expresividad.
Bill Viola ha dado muestras del valor de uso de la imagen; en The
Passions, el conocimiento de los referentes pictóricos a través de una
caracterización cinemática dan lugar a una pintura en movimiento que
expone significados que, en determinados momentos, rozan el hermetismo
y la fijeza conceptual. Viola da muestras de conjugar su interpretación
de la historia de la pintura, de cánones y modelos, que se trasvasan a un
público contemporáneo y un destino museístico. El modelo elegido es el
relato de unos sentimientos, son en sus palabras, "enviromental installations"
(instalaciones ambientales) que cautivan al espectador en su intimidad,
dando muestra de una ambigua empatía con la obra referenciada
(los dípticos de la pasión y las tablas tardomedievales).
Evocando los sentimientos, la intimidad y mostrando en primer plano los
elementos formales, hacen de esta muestra videográfica algo más que
una muestra de tipologías pictóricas, para desvelar un trabajo hermenéutico
sobre el valor formal de la intimidad. Más que de un tratamiento sobre
el punto de vista, Viola trabaja la mirada interior del espectador. La calculada
puesta en escena de estas imágenes, dispuestas en pantallas planas
colgadas de la pared, recurre a elementos de la expresión cinematográfica
e invoca la curiosidad emocional del espectador.
El léxico artístico que maneja Viola en The Passions invita a una observación
lenta y pausada, la experiencia cinemática invita a pautar nuestra
observación, los recursos temporales (las imágenes a cámara lenta, la iluminación
fría), y la composición de la imagen a través de la frialdad: los
matices luminosos metálicos y congelados en la espiritualidad que proyectan.
Hoy en día, es muy difícil que un artista plástico dé una línea mística y
espiritual a sus obras. Es dificultosa la transición de la espiritualidad sin
caer en arquetipos que rozan la banalidad. El caso de Viola, salvando las
distancias, es paralelo a cierta evolución de la pintura de Antonio Saura.
Casi siempre, tras estas obras se encuentran los textos; Viola menciona a
San Juan de la Cruz y la mística española del Siglo de Oro. El tormento
moral y las evocaciones hacia la esperanza son el referente en el que indaga
la muestra The Passions. Mediante la especulación sobre la problemática
de agotar los elementos que conforman la instalación visual (imágenes
lentas, frías y cadenciosas), los espectadores haremos preguntas, e
iniciaremos un trayecto expositivo en el que están presentes las crisis y
las emociones que turban nuestra mirada.

Esta exposición sobre la serie The Passions, se puede visitar en la sede
madrileña de la Fundación La Caixa, y está comisariada por John Walsh,
director emérito del J. Paul Getty Museum.

Severo Fernández Calaza

 
   

 

 

TEO SORIANO
Flâneur


Galería Paloma Pintos. Santiago de Compostela
Desde el 8 de abril hasta el 9 mayo

Estos últimos no han sido tiempos favorables para la pintura, tampoco
para aquellos artistas que permanecieron fieles a los pinceles. Otros géneros,
otros medios y nuevos lenguajes vinieron a ocupar su lugar y a merecer
la atención principal de los protagonistas y los interesados en los asuntos
del arte. Al igual que les sucediera a las construcciones fortificadas
levantadas en los siglos XVII y XVIII, como explica W.G. Sebald en las
páginas de Austerlitz, en ese combate librado con la pintura por los nuevos
medios puestos al servicio de la creación artística no fue necesario
atacar directamente la fortaleza; el autor alemán aclararía que las modernas
tácticas de la guerra vencieron a las viejas fortificaciones por el expeditivo
método de sortearlas, de ignorarlas, de no hacerles frente. Así vino
a suceder con la pintura y los pintores, marginados de la atención de la
comunidad artística, sermoneados además por su obcecada resistencia y
su fidelidad a una práctica adornada del descrédito, perseguida desde el
tiempo de Baudelaire por el estigma de la decrepitud.
Pese a todo, algunos artistas permanecieron fieles a la causa de la pintura,
se mantuvieron dentro de sus muros, ajenos a los nuevos discursos
triunfantes. Sabían, fieles a sí mismos, que su destino era el esfuerzo solitario,
la resistencia en medio de la incertidumbre sobre el futuro. Se conformaban
con saber que su sitio era "estar dentro", y mirar desde allí,
como advirtió John Berger, que sabe de los modos de ver -dentro y fuera
de la pintura- y que viene a recordarnos que el modo de mirar es también
un modo de estar en la vida y en el arte.
Las viejas leyes de la guerra ponen a disposición de los asediados la posibilidad
de realizar salidas esporádicas, al amparo de la sorpresa, para
sembrar el desconcierto entre los sitiadores. Así regresa ahora Teo
Soriano, que dosifica sus salidas como pocos, para desesperación de sus
fieles, con una nueva presentación de su trabajo. Desde los presupuestos
de su radical apuesta por la pintura y su conocida genealogía abstracta,
de su fascinación por el color y por los materiales, Teo Soriano ha recorrido
una trayectoria que abarca el ya dilatado espacio de dos décadas y que
arranca, a mediados de los años 80, con la entrega entusiasta a la celebración
del acto de pintar; así lo manifiestan unos trabajos - Las algas o
la serie Coruña- que comparten la complacencia en "la alegría del lenguaje"
-por utilizar una iluminadora expresión (the gaeity of language) de
Wallace Stevens- que caracterizó la actitud de los pintores de aquel tiempo.
Después vendrían, en el año 1989, los paisajes abisales de la serie
Aventura -oscuros, envolventes, misteriosos-, en los que la referencia a
los fondos marinos testimonia una atracción por el mundo del mar que ya
había protagonizado la serie consagrada a las algas. A la década siguiente
pertenecen algunos episodios que enmarcan una trayectoria sometida
a tensiones, empeñada, por lo demás, en la afirmación de un lenguaje que
a estas alturas ofrece ya muestras inequívocas de su madurez: habrá que
referirse a la suerte fatal de un grupo de pinturas de gran formato extraviadas
en azarosas circunstancias, de la que únicamente se conserva el
testimonio de unos pocos bocetos atravesados de densa, grave, amenazante
atmósfera oceánica; está también otra serie, a la que pertenece
Raíz del aire, paradigma -como el verso de Jorge Guillén del que toma su
título- de pintura abierta, transparente, luminosa, de pinceladas sueltas y
aleatorias manchas, apoyada por lo común sobre una estructura interna
de trazos nerviosos, que presenta en numerosos ejemplos a la manera de
polípticos que acentúan la idea de fragmento, a la par que procuran la
reflexión por la búsqueda de una improbable e inaccesible unidad, como
acabada metáfora de la realidad de nuestro mundo. Todo eso, sin olvidar
la dedicación continuada a los ensamblajes y collages, durante tanto tiempo
condenados a la intimidad del estudio y tan sólo asequibles a quienes
tuvieron la suerte de acercarse a los sucesivos talleres que ha venido ocupando
en La Coruña, en Salamanca (donde realizó sus estudios de Bellas
Artes, junto a una promoción a la que también pertenecen Javier Riera y
Antonio Murado), en Riveira, en Arteixo, en A Coruña nuevamente.
Como contraposición a esta línea de trabajo, en los inicios de los años
noventa otro enfoque sustituye su primitiva atención por el color y el gesto
y pasa a ocuparse de las cuestiones espaciales, las texturas, la expresión
despojada. En este tiempo, Teo Soriano ha venido trabajando en una obra
escrutadora de la naturaleza que, como un espejo, nos devuelve también
la imagen de un paisaje interior. (Con la referencia a lo especular viene a
la memoria la imagen de Suite Tarifa, que pudo verse en el año 1991 en
la Estación Marítima de La Coruña, con ocasión de la II Mostra FENOSA, y
que anticipa la inclinación paisajística mostrando los efectos de un líquido
brillante desparramado sobre una superficie plana). Adoptando un punto
de vista que tiene mucho en común con la mirada del artista romántico,
pero que constituye también uno de los ejes fundamentales de la tradición
moderna, vuelve sus ojos sobre el paisaje entendido como sentimiento,
como estado de ánimo, como espejo sobre el que proyectar las propias
emociones. Es la suya ahora, una pintura que se asoma al borde de la
nada, al grado cero de la expresión artística, tentando los límites de un
territorio -el del lenguaje más allá del lenguaje- en el que el pintor se
adentra con determinación para revelar un espacio que parece haber
engullido todo atisbo de forma o signo reconocible.
En esta nueva muestra, Teo Soriano mantiene un esquema al que nos
viene acostumbrando en sus últimas exposiciones individuales, alternandoalternando
dos bloques de obras. De una parte, presenta un lote de lienzos de
pequeño formato. Son pinturas próximas a lo monocromo que confían su
elocuencia a los tonos, a los matices y accidentes de una superficie en la
que son bien visibles las huellas de la aplicación del pigmento con la espátula.
Alejado de toda intención representativa o expresiva, el pintor parece
tan sólo preocupado de pintar lo concreto, de llenar el vacío, de "estar
dentro". Dentro de la pintura, del proceso pictórico, dentro del cuadro
mismo, al que parece querer someter recorriendo todas sus direcciones y
apurando sus límites, donde desbordan las marcas de ese deambular.
Examinando sus superficies podríamos reconocer en estas obras la huella
de quien se limita a pintar como quien camina dejando marcas en la nieve,
como Robert Walser, el flâneur de la nieve, a quien esta serie homenajea;
como también lo hace con Wang Wei, o con Rober Ryman, cuyos ecos
también se escuchan -y se leen en sus títulos- en estas pinturas recorridas
por la idea de silencio, de levedad y ensimismamiento, en las que el
lenguaje se suspende hasta verse privado de sentido. Junto a los cuadros,
los aficionados avisados podrán disfrutar nuevamente de los pequeños
artefactos y ensamblajes, magistrales ejemplos de voluntad constructiva
y énfasis objetual, sometidos a la disciplina de una integradora mirada pictórica
que se esfuerza por reducir la presencia física de los materiales a la
función de elemento compositivo al servicio de un discurso visual de contenida
y rara elegancia.

Juan Antonio Martínez-Casanueva


 
   

 



MARINA ABRAMOVIC
Count on us


ARTIUM. Vitoria-Gasteiz
Hasta el 8 de mayo

Marina Abramovic (Belgrado, 1946) ha querido adentrarse en el arte de la
performance y el body art desde la década de los setenta. En 1974, en
Ritmo 0, pretendía permanecer durante seis horas sometida a la voluntad
del público en Nápoles, poniendo a su disposición instrumentos de placer
y dolor. La acción tuvo que ser detenida por llegar a límites peligrosos para
su integridad física, uno de sus "maltratadores" llegó a apuntarle a la
cabeza con un arma cargada.
No podemos omitir The Lovers/The Great Walk Walk, donde, en compañía
de su compañero Ulay, recorrió la gran muralla china, elemento de gran
fuerza simbólica, imagen en espejo de la Vía Láctea, y unión simbólica de
la tierra y el cielo. Ulay partió del desierto de Gobi, el lado masculino;
Marina Abramovic del Mar Amarillo, elemento femenino que representa el
agua. Tras tres meses caminando, unos dos mil kilómetros cada uno, se
encontraron para decirse adiós y no trabajar juntos nunca más. Juntos
habían explorado el dolor y la resistencia de las relaciones, entre ambos y
con el espectador. Esta acción empieza a gestarse en la segunda mitad de
los ochenta cuando la artista comienza a viajar a China, y a escuchar en
las aldeas leyendas populares sobre la muralla; en una de ellas los protagonistas
son dos amantes que comienzan a caminar desde los dos extremos
de la muralla para encontrarse en el centro y abrazarse. Esta acción
carece de los tintes de agresividad que afloraban en sus anteriores trabajos.
Más reciente, de 1997 es su Balkan Baroque, con la que consiguió el León
de Oro de la Bienal de Venecia de ese año y en la que la artista serbia aparece
limpiando con cepillos de púas restos de carne de un gran montón de
huesos mientras canta canciones de cuna. En una sala en semipenumbra
y con la imagen de sus padres en silencio cuenta la leyenda de una especie
de lobo-rata de los Balcanes que reacciona al miedo devorando a los
de su misma especie, quizá metáfora de la guerra fraticida en Los
Balcanes.
Comprometida con las causas y con los problemas políticos de la sociedad
actual, Marina Abramovic presenta en España, concretamente en Artium,
la exposición Count on us. Marina Abramovic, título en el que podemos
intuir una doble lectura, cuenta con nosotros o cuenta con Estados Unidos,
en clara referencia una vez más al conflicto de los Balcanes y la falta de
apoyo prestada por la comunidad internacional en su solución. La artista
no insiste en la interpretación política, insiste más en los sentimientos que
el conflicto provocó en ella. La instalación consta de cinco pantallas que
conforman una estrella de cinco puntas, elemento que ya había utilizado
en anteriores ocasiones, no podemos dejar de citar Rhythm 5; aquí construyó
una estrella de cinco puntas utilizando madera y la roció con gasolina,
se cortó las uñas y el pelo, y los introdujo en la pira; después se colocó
en el centro, de donde tuvo que ser rescatada por el público que observaba
la acción al perder el conocimiento. La artista, vestida de esqueleto,
dirige un coro infantil que interpreta un himno a las Naciones Unidas; en
otra se sitúa en el centro de una estrella conformada por niños. En una
pantalla un niño y una niña cantan una canción popular y en la pieza Tesla
Abramovic aparece sosteniendo un tubo de luz al lado de una bobina de
transmisión eléctrica; Nikola Tesla, ingeniero croata, inventor poco valorado,
que tras estudiar en Austria llega a Nueva Cork para trabajar con
Edison y demostrar su valía. Para probar la inocuidad de su sistema eléctrico
se hizo pasar corriente alterna por el cuerpo para encender focos, en
una clara ligazón entre la performance y la demostración científica.
Aparecen otros dos vídeos, Stromboli y Tesla Urn, en una imagen en la
que la magia y el ritual se unen de nuevo a la ciencia.
Muchos de los trabajos de Marina Abramovic pertenecen ya al imaginario
de la contemporaneidad, su compromiso con las causas sociales y políticas
son expresados desde y con su cuerpo ayudándose del mito, del símbolo,
del ritual; delimitando los márgenes de la resistencia ética y considerándose
un puente entre dos mundos, oriente y occidente; tomando de
los dos los elementos necesarios para la ejecución de sus acciones.

Emma González


 
   

 



CONTEMPORÁNEA


Fundación Juan March. Madrid
Hasta el 10 de abril

La sede de la Fundación Juan March en Madrid se presentó en sus salas
una muestra de los fondos de la colección del Kunstmuseum Wolfsburg de
Alemania. A raíz de la celebración del 50 aniversario de la fundación, y
coincidiendo en fechas con la celebración de la vigésimo cuarta edición de
la feria ARCO, se decidieron por cambiar los patrones de sus más comunes
exposiciones y dejar de lado las vanguardias históricas, presentando
esta vez a algunos de los más importantes e influyentes artistas del panorama
internacional de la segunda mitad del siglo XX.
Con una especial atención a los años 90 se presentan 34 obras de 16 artistas
tan conocidos como Damien Hirst, Tony Cragg, Christian Boltanski,
Nobuyoshi Araki, Richard Billingham, Jan Dibbets, Fichli and Weiss,
Andreas Gursky, Mario Merz, Bruce Nauman, Nam June Paik, Thomas
Schütte, Cindy Sherman, Jeff Wall y Luc Tuymans.
La muestra se compone de obras en diferentes lenguajes y medios como
la fotografía, el video, la pintura o la instalación y se distribuyen por espacios
de la fundación no usados anteriormente con función expositiva como
por ejemplo el salón de actos en el que se exhibe un vídeo de Fischli and
Weiss.
El discurso de la colección se desarrolla desde diferentes planteamientos
como la crítica, la ironía, la metáfora o la identidad, mostrando de algunos
artistas sus piezas más características. Tal es el caso de Cindy
Sherman con 3 de sus Untitled Film Stills de entre los años 1977 y 1980,
las imágenes de mujeres atadas de Araki, las paletas de objetos de desecho
de Tony Cragg o las fotos familiares de Richard Billingham. Junto a
éste, otro YBA como Damian Hirst tiene presente en la exposición la instalación
A Hundred Years y las serigrafías de la serie The Last Súper, unas
de sus obras más conocidas.
En cuanto al videoarte, junto al gran espacio cedido a la obra de Fischli
and Weiss se muestran piezas de Bruce Nauman, Violín afinado D E A D
(1968), o del pionero Nam June Paik, Egg Grows (1984).
Nos encontramos así ante una colección relativamente joven (1992) creada
sobre la idea de mostrarla en continuas exposiciones temporales y
dotada de las más importantes figuras de la segunda mitad del siglo XX.

José Castañal

 
   

 



SINAIS


Centro Empresarial do Tambre. Santiago de Compostela
Hasta el 15 de abril

En los albores del siglo XXI todo pasa por delante de nuestros ojos a velocidad
de vértigo. El paisaje de nuestra cotidianeidad está conformado por
miles de imágenes que nos lanzan desde los diferentes medios de comunicación,
pero que no son capaces de caminar despacio por nuestra mente
y permanecen en ella, sólo pueden quedar flashes, pedazos; no hay tiempo
para asimilar ese continuo ir y venir de instantáneas, nuestra memoria
no puede procesar todo ese canal de información visual. Por todo esto,
debemos agradecer a los creadores que sigan siendo capaces de expresarse
en formatos tranquilos, silenciosos, que no obliguen a detenernos y
a reflexionar, que nos ayuden a archivar en nuestro disco duro su propuestas.
Hablamos de pintura, en un momento en el que se escucha decir que
su muerte está a punto de llegar; hablamos de seis artistas que tienen
como punto de partida y de llegada la pintura, que se expresan desde la
bidimensionalidad partiendo de formaciones y de modos de hacer diferentes,
hablamos de Berta Ares, Sabela Baña, Montse Gutiérrez, Santiago
Jorge, Manuel Nieto y Marc Quintana.
Berta Ares construye planos quebrados, cosidos en una suerte de configuración
espacial donde cobra protagonismo la ausencia de figuración y la
utilización de una gama cromática limitada, los negros y marrones configuran
en solitario estas piezas de su serie negra. Piezas silenciosas, que
invitan al espectador a entrar y perderse en sus oscuros paisajes. Sabela
Baña defiende en sus piezas una depuración formal que se conforma a
base de componentes esenciales, líneas, planos y cubos. En sus obras
mide, depura, construye, crea ritmos asimétricos configurando imágenes
en armónico equilibrio. Busca geometrías con un componente altamente
decorativo y se acerca a los postulados de Doesburg, "desnudemos a la
naturaleza de todas su formas y sólo quedará el estilo". Montse Gutiérrez
deja entrever su necesidad de experimentación, de búsqueda continua de
nuevos materiales, de nuevos modos de hacer. Experimenta, conjuga elementos
de tendencias anteriores, podemos intuir ciertos paralelismos con
Kiefer o Barceló y crea su particular imaginario, con un lenguaje propio,
cargado de lirismo, que reconocemos en cada una de sus creaciones.
Santiago Jorge nos permite ver en sus naturalezas muertas vestigios del
pop art, entrando en contacto con la realidad objetual y sin planteamiento
crítico; busca llegar al público sin enredos, con un lenguaje claro y figurativo.
No esconde nada, percibimos lo que el artista nos quiere mostrar,
objetos que justifican por sí mismos el hecho de la pintura. Manuel Nieto
coquetea con el expresionismo en la búsqueda de los esencial, exagerando
la fuerza expresiva de sus creaciones y estilizando formas simples.
Intuimos influencias postimpresionistas y fauvistas, sobre todo en el uso
de colores intensos y contrastados. Sus propuestas nos hablan de pintura,
de color, de trazo. Marc Quintana trabaja con iconos de la modernidad,
sirviéndose de elementos presentes en los paisajes urbanos actuales y
plasmándolos en sus creaciones combinando geometrías, colores, señales
de tráfico; exprimiendo la poesía del símbolo, de la velocidad.
Transformando los objetos en metáforas visuales.
"En el mundo de las imágenes mediáticas, el arte puede seguir ofreciendo
trascendencia. Ahora que se discute la objetividad de todas las imágenes,
el arte tiene la posibilidad de trazar una ruta de navegación hacia el
significado. En un mundo de imágenes efímeras, el arte puede ofrecer
cierta estabilidad. Y, en una Imagen Mundo, donde a los individuos no les
queda más remedio que ser parte de un público, el arte puede aportar su
propia experiencia y ofrecer una perspectiva manifestándose con su propia
voz" (Marvin Heiferman: Image World. Art and Media Cultura, Whitney
Museum of American Art, Nueva Cork, noviembre 1989 - febrero 1990.
pp. 15 - 56).
Sinais (Señales), o también podríamos decir signos, vestigios, huellas,
marcas, notas. Señales de pintura, seguimos hablando de pintura.

Emma González