EXPOSICIÓN IDILIO. Sueño y Falacia
DA2. Domus Artium 2002. Salamanca
Del 5 de Junio al 8 de Septiembre de 2007
Patio de Escuelas. Universidad de Salamanca
Del 5 de Junio al 22 de Julio de 2007
Un proyecto de Oliver Zibok.
Comisarios: Oliver Zibok, Javier Panera y Martje Schulz
DOMUS ARTIUM 2002
Avenida de la Aldehuela s/n
37003 Salamanca
Tel 923184916
www.ciudaddecultura.org/da2
www.blogs.ya.com/da2salamanca
Idilio es un proyecto expositivo coproducido por el DA2 de Salamanca y el Festival Internacional de las Artes de Castilla y León, con la colaboracíon de: Sammlung Falckenberg de Hamburg y el Servicio de Actividades Culturales de la Universidad de Salamanca que reúne a más de cincuenta artistas de los cinco continentes trabajando sobre todo tipo de soportes con los que se reflexiona desde puntos de vista tan complementarios como divergentes sobre la pervivencia –formal y metafórica- de este tema que ya aparecía en los orígenes del arte occidental.
El motivo del idilio es uno de los más antiguos en la historia del arte europeo su origen está en la mitología y la poesía clásicas. El primero que trasladó el idilio a la forma escrita fue el poeta helénico Teócrito (aprox. 300 – 260 a.C.), el idilio literario de Teócrito se desarrolla en su tierra natal, Sicilia y esta protagonizado por pastores-poetas. Virgilio (70 – 19 a.C.), influido por Teócrito, situó el idilio bucólico en Arcadia, una región real de Grecia, que él, sin embargo, reinventó por completo con su fantasía. Este lugar, tan distante de la vida cotidiana, presenta así una importante cualidad del idilio: el hecho de tratarse de un concepto ilusorio.
En el Idilio clásico el anhelo de armonía y plenitud se traslada a un lugar ficticio, un lugar sin espacio real. El idilio es pues, una de las más antiguas utopías. Sus personajes no tienen conciencia del espacio ni del tiempo, están protegidos aparentemente de influencias y peligros exteriores, pueden abandonarse a sí mismos y a su entorno… El idilio alienta a disfrutar de la vida, pero también transmite menudo un sentimiento de melancolía y pérdida y sobre todo de inquietud ante la imposibilidad de conseguir la plena felicidad o a que la Utopía se transforme en Distopía. El paisaje del idilio se corresponde en muchos de estos casos con la imagen del paraíso perdido, o con lo que algunos llamarían “el patio trasero del jardín del Edén”,
Otro de los rasgos del idilio que también ha llamado siempre la atención es la centralidad del tema erótico. Sin embargo, como señala Jacques Perret el amor idílico se caracteriza por ser inalcanzable, ya sea porque no es correspondido, por la muerte de la amada, por tratarse de un amor “antinatura” o por cualquier otra razón. El amor es, también, fuente de desesperación y melancolía.
Pero en realidad el elemento más destacado de las prácticas idílicas es su dimensión metapoética. Como señala Ribó Labastida, aunque el Idilio tenga como tema aparente el amor y la nostalgia de la edad de oro, el auténtico objeto del idilio es la poesía misma. No sólo los protagonistas del idilio son poetas disfrazados, sino que todo su discurso gira alrededor de la poesía. Así pues, aunque trate aspectos diversos, el principal interés del idilio tal como lo dejaron fijado Teócrito y Virgilio es indagar en la capacidad de la poesía para liberar al hombre del sufrimiento, de la desesperación.
La originalidad de Teócrito no consiste, en definitiva, más que en haber dado forma a una estructura genérica capaz de expresar una pregunta que, en cierta manera, subyace a toda creación artística. La forma más general de esa pregunta es: ¿pueden el arte y la poesía restablecer el sentido del mundo?.
Una respuesta podría ser que, en última instancia, el idilio y lo idílico se presentan como una huida de la realidad, tras lo cual se plantea la pregunta: ¿qué es lo que ha desencadenado esa huida de la realidad?
Y es que, en el fondo, la aspiración que subyace en el idilio tiene un carácter metafísico. Es por ello que el idilio nace y se desarrolla sobre todo en épocas de crisis, cuando los valores supremos caen bajo el signo de la incertidumbre. Creo que es esta última característica, más que ninguna otra, la que ha constituido a lo largo de los siglos el atractivo de este género, la que lo ha mantenido vivo y ha atraído a los autores con mayor autoconciencia poética.
Mientras que en la Antigüedad y a partir del Renacimiento el idilio desempeñó un papel importante como género literario y pictórico, en el siglo XVIII su papel empezó a cambiar y terminó con el inicio de la modernidad.
Pero hay artistas que –fuera de tiempo, o no- se niegan a dar definitivamente por zanjadas las preguntas que motivan el idilio y que consideran que mientras la estructura genérica permita articularlo, el idilio continuará existiendo. Precisamente en los últimos años ha vuelto a cobrar importancia bajo ciertas formas de “Neorromanticismo” irónicamente decadente o, de modo paradójico, a través de prácticas “heterotópicas” y “antiidílicas” que cuestionan el arte como utopía o proyecto de vida y como es natural cobran especial protagonismo en esta exposición.
¿Cómo se plasma esa continuidad del idilio en la multiplicidad social del presente?
El enfoque de esta exposición respecto al idilio es necesariamente fragmentario y, de ningún modo, representa la idea del idilio integral. La idea tradicional del idilio ya no parece posible por sí sola. A menudo también el arte contemporáneo utiliza el idilio como una expresión de un estado emocional o como contra-imagen que intensifica el sentimiento de impotencia y desesperanza en vez de aliviarlo.
Porque ante la pregunta de si la poesía puede ser una alternativa a la vida, el propio Virgilio, responde en el canto final de Las Bucólicas que no, la poesía no puede aliviar la angustia de existir ni devolver al hombre la armonía con el mundo. Como los pastores de la copa de Teócrito, el poeta eleva sus cantos a la vida “sin lograr conmoverla”. El fin del idilio, como apunta de nuevo Ribó Labastida, es la conciencia de que el canto es desesperado, de que el arte no puede salvar a nadie. Y es por eso que la auténtica esencia del idilio es el fin del idilio, “el canto de un cisne que puede ser irónico o sublime, pero que siempre canta sabiendo que lo hace por última vez”.
El idilio es en suma un ideal que ha pasado de moda hace mucho tiempo y somos conscientes de que cuando se recupera como afirmación positiva, se expone de inmediato a ser atacado. En este sentido nos gusta asumir el riesgo de tomar la temperatura a un tema que fue “genérico” y que hoy parece abocado a los temibles “mitos del eterno retorno”.
Información cedida por la organización
Lo sentimos, los comentarios están cerrados.