Fundación Pedro Barrié de la Maza: 100 posters para un siglo

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100 posters para un siglo 
logo_barrie.jpgClausura exposición Sede Vigo
Hasta domingo 24 junio
Sede Vigo Fundación Pedro Barrié de la Maza
Policarpo Sanz, 31. 36202 Vigo

Inauguración exposición Sede A Coruña
12 julio – 16 septiembre
Sede A Coruña Fundación Pedro Barrié
c/ Cantón Grande, 9. 15003 A Coruña

http://www.fbarrie.org/

La Fundación presenta, en exclusiva para España, la exposición 100 posters para un siglo organizada en colaboración con el Museo de Diseño de Zurich. La muestra se asoma al siglo pasado a través de una cuidada selección de 100 significativos anuncios icónico-escriturales y plantea un itinerario estrictamente cronológico a lo largo de la historia occidental del siglo XX, tomando como vehículo conductor la propia historia del cartelismo. Lo importante y lo trivial, el deseo honesto y la mentira, asuntos de altos vuelos y otros banales, la política y los conflictos sociales, el consumo y la publicidad, el ocio y la cultura están presentes en los trabajos de Jules Chéret, Alphonse Mucha, Henri de Toulouse-Lautrec, Pierre Bonnard, Max Pechstein, Käthe Kollwitz, Gustav Klucis, Lazar El Lissitzky, Cassandre, Jean Carlu, Andy Warhol, Peter Gee, Oliviero Toscani o David Tartakover, artistas todos ellos incluidos en una exposición donde el mensaje efímero e inmediato, propio de exteriores urbanos, se transforma en discurso permanente, trascendente y museable.

Nacimiento de un medio – 1ª Guerra Mundial – Esperanza y salida – Guerra en Europa – ¿Un mundo feliz? -  Arte y Pop – Consumo – Salvemos el Planeta – Nuevas guerras

Nacimiento de un medio

A finales del siglo XIX, se dieron tres condiciones básicas para el desarrollo rápido del moderno cartel ilustrado. La litografía, inventada en 1798 por Aloys Senefelder, pudo ser aplicada en
grandes superficies. La Revolución Industrial aceleró la urbanización, resultando de ello una nueva relación con el producto, que desemboca en estrategias publicitarias sistemáticas. El Modernismo, que se presenta en Inglaterra como Modern Style y en Francia como Art Nouveau, se distancia del
academicismo predominante, ofreciendo las bases ideales para la creación gráfica: estilización de las figuras, concentración en el efecto propio de color y forma e incorporación de mundos
autónomos de la escritura. El gesto del artista pierde su importancia, acercándose los artistas conscientemente al arte aplicado para llegar a un público más extenso.
Henri de Toulouse-Lautrec crea unas formas exigentes, cerradas y llenas de contraste. A su lado, Jules Chéret, por el contrario, representa ya el exponente de la cultura de masas que procede con la rutina probada. Mujeres escotadas y de piernas largas, vestidas con prendas glamurosas, dirigen sus
artes de seducción a productos tales como cigarrillos y bebidas alcohólicas, subrayando el carácter vicioso. En el cartel, el Fin de Siècle se presenta como una gran fiesta exuberante que se
celebra en el ambiente mundano de restaurantes, bares, cabarets y teatros.

1ª Guerra Mundial

La 1ª Guerra Mundial es el inicio trágico de una nueva era. Revoluciona la situación de las fuerzas y las estructuras del poder, consiguiendo finalmente la división del mundo en Este y Oeste. Una era de furia destructiva, creada por el hombre, en la que se sumerge con un entusiasmo –en ocasiones con dosis
de locura– marcado por un extraño espíritu aventurero. Conocidas son las imágenes de horror, cuya fuerza no parece producir un efecto suficiente: troncos de árboles, casas, campanarios, poblaciones erradicadas, ciudades destrozadas, paisajes cubiertos de cráteres producidos por las granadas y
surcados por trincheras. En ellos, seres humanos que permanecen en el lodazal durante semanas y se pudren vivos, aguantando en una guerra de trincheras agotadora, a no ser que caigan. Y en otros lugares, no lejos de los frentes, ancianos, mujeres y niños viajan en convoyes de fugitivos sin
fin.
El potencial propagandístico del cartel se descubre con ocasión de la 1ª Guerra Mundial. El cartel político se desarrolla convirtiéndose en una disciplina propia. La movilización para la guerra y las llamadas a firmar empréstitos
para su apoyo utilizan el efecto del medio sobre las masas. Pero también la posición social y crítica antibelicista consigue adquirir una voz insistente. La expresividad del carboncillo, que refleja la consternación personal y la urgencia del mensaje mediante gestos artísticos, es el medio adecuado para demostrar el horror.

Esperanza y salida

Después del colapso de la vieja Europa y de los mitos nacionales de los ciudadanos, se desarrolla la fe en el progreso y la técnica que repercute directamente sobre la práctica artística y configurativa. El mundo material se vacía de sus trastos, siendo sustituido por un lenguaje de formas reducidas.
Ya sea en arquitectura, diseño o comunicación visual, todos los ámbitos de la configuración quedan materializados y liberados del lastre ornamental. La máquina se infiltra en la vida diaria. La publicidad actúa de forma más sutil y desarrolla otras que se convierten en fetiches; las ciudades son electrificadas. El cine y la fotografía suministran nuevos medios configurativos; el cubismo y el nuevo objetivismo influyen en el lenguaje formal del cartel. “De Stijl” y “Bauhaus” combinan el arte y la cultura cotidiana. El montaje se convierte en el procedimiento de configuración más corriente, permitiendo crear simultaneidad, superposición y penetración de mundos pictóricos y mensajes. El constructivismo ruso provoca el nacimiento de nuevas utopías sociales, uniendo para ello elementos fotográficos, tipográficos e ilustrativos. La diagonal
produce dinamismo y perspectivas, convirtiéndose en metáfora de progreso y futuro. La escritura se emancipa y llena el verbo de significado. La vida en la gran urbe se convierte en embriaguez. Los “dorados años veinte” son una “danza sobre el volcán”.

Guerra en Europa

La situación política del periodo de entreguerras permite la
llegada de los regímenes totalitarios, nacionalsocialismo, fascismo y comunismo. Adolf Hitler se hace con el poder, convirtiéndose en la figura más significativa de su tiempo. Con los bombardeos, el holocausto y el empleo de la bomba atómica, la guerra pone de manifiesto nuevas dimensiones del
horror. Una enorme maquinaria propagandística se pone en marcha. Hasta hoy, la cruz gamada –la esvástica mínimamente variada– es el símbolo más significativo, impresionante y agresivo. Los carteles de la Guerra Civil española se defienden con furia, llena de fuerza y emoción contra la destrucción por parte de un conflicto fratricida que desdeña a la humanidad. Surge la cultura configurativa de la resistencia y de la acción, de la que salen, en brevísimo tiempo, muchos carteles de la más alta calidad. En las visualizaciones de la avantgarde internacional se unen futurismo, cubismo y constructivismo. Los mensajes quedan densificados y reducidos y tipográficamente puestos en
escena produciendo un gran efecto. La cruz gamada es machacada con calzado ligero, aplastada por luchadores en forma de máquina y acuchillada con bayonetas. La destrucción de Guernica da testimonio de la infamia de
esta guerra. La bomba que cae del cielo se convierte en símbolo de la perfidia, con la que se dirige la violencia de la guerra contra la población civil.

 

¿Un mundo feliz?

Después de la 2ª Guerra Mundial, la añoranza de las esferas intactas de la vida es grande. Europa se recupera de la guerra y es reconstruida. Después de pasar privaciones, la gente disfruta del mundo colorista de mercancías que lo promete todo, incluso milagros. Cualquier necesidad puede ser satisfecha,
cualquier deseo cumplido. El mundo parece estar a disposición de los hombres. El ciudadano cubre las distancias con facilidad, ya sea en coche, avión o por teléfono. Los hombres se adentran en el espacio y conquistan la Luna. Los medios de masas permiten participar en lo que ocurre en el mundo.
Al mismo tiempo, sin embargo, existe un campo de tensiones entre las dos potencias mundiales, la guerra fría. Sobre las ilusiones de un mundo intacto se cierne la sombra de la amenaza nuclear. La posibilidad de la destrucción total del planeta se convierte en una nueva opción de la política, frenando y angustiando a la población. En la configuración de los carteles se conecta con varias tradiciones y formas de juego: tanto con el estilo práctico de los cuadros como con el gesto del dibujo ilustrativo, con el montaje constructivo o con la composición fotográfica. Aún está trabajando la generación de artistas experimentados de la preguerra, quedando relevada, poco a poco, por una
generación de artistas gráficos que se familiariza con las nuevas tendencias de la cultura popular.

Arte y Pop

La ciudad se comercializa y cambia de aspecto debido a los carteles y rótulos publicitarios luminosos. Se está creando un mundo urbano de imágenes. Debido a la omnipresencia del cartel y de otros medios publicitarios y de comunicación –cómics, revistas, periódicos, cine, televisión– surge una nueva batería de imágenes, inventarios del día a día. La publicidad para alimentos y enseres de uso es indicio de una nueva cultura de la vida cotidiana. Se incorpora lo que escupe la ciudad. Objetos triviales que, hasta ahora, habían quedado prácticamente excluidos del contexto artístico, entran en la
dinámica de la creación artística y se convierten en iconos. La publicidad siempre se ha beneficiado con los desarrollos e innovaciones del arte. Ahora se invierte el proceso. La obra de arte utiliza elementos del efecto que tiene la publicidad sobre las masas, convirtiéndose ella misma en producto de masas. La vida y el arte se mezclan. Apoyado por una juventud que se está liberando y a la que se le ofrecen en la gran urbe innumerables huecos y posibilidades de desarrollo, se está creando un manifiesto social. El arte es un estilo de vida; todo el mundo puede ser una estrella. La necesidad de individualidad y autodesarrollo está creciendo. El establishment es sospechoso; se desenmascara como manipulador y debe ser combatido. La generación de los padres con su fe en la autoridad es de poco crédito; ha fracasado. Los
convencionalismos se rompen. La resistencia de la juventud crea nuevas estéticas del colectivo y de la acción que, a su vez, amplían las posibilidades del arte.

Consumo

La publicidad incorpora las tendencias sociales lo antes posible
e intenta anticipar las mismas. El movimiento de 1968 así como la progresiva emancipación de la mujer no podían ser ignorados, transformándose sus exigencias y adquisiciones en estilo de vida. Se establece una joven burguesía, apartada del estilo de vida de los hippies. La estética del flower-power aún
juega cierto papel, al igual que fotografías de la moda de suave diseño evocan la borrachera guateada de las drogas y el porno blando. A la mujer, desde siempre el objetivo más importante de la publicidad, se le concede la autodeterminación. Ella se descubre en el cartel como independiente y sexualmente liberada. Se la sugestiona de que tiene autoestima, lo cual crea
un nuevo incentivo para consumir; pero, en realidad, sigue siendo objeto.
La creación de carteles tiende a la fotografía. Ahora son los fotógrafos publicitarios de las agencias comerciales los que revisten el cartel de una cara parecida a una instantánea, supuestamente documental. La artesanía del diseño gráfico tradicional pierde importancia cada vez más, porque tradición
significa durabilidad y tiene un efecto poco adecuado a la época. La idea –a menudo sin pulir– es más importante que la ambición creadora. Una velocidad más acentuada debe transmitir vivacidad y desemboca en la vida rápida y la
arbitrariedad. La norma suprema no es la calidad, tampoco la constancia, sino poder seguir el ritmo pautado. Y cuando la indiferencia de la sociedad de la abundancia alcanza un punto crítico, los estrategas de la publicidad reaccionan con una antipublicidad provocadora.

Salvemos el planeta

Los carteles publicitarios están destinados esencialmente al consumo, usándose la eficacia del medio, además, para temas sociales y políticos.
Los privilegios del Primer Mundo aparecen cada vez más cínicos en el siglo XX: se hace caso omiso a los derechos humanos; la diferencia entre pobreza y bienestar crece; frente a la abundancia está el hambre. La guerra de Vietnam como demostración del poder se convierte en trauma. El mundo es cada vez más ruidoso, agitado, despi de los movimientos obreros y pacifistas, así como la lucha por los derechos de la mujer, buscan al público crítico a través del
cartel. Tales mensajes requieren ideas pictóricas y eslóganes provocativos que se graben en la memoria. El artista creador asume un papel comprometido de observador de las situaciones sociales, a las que responde con  carteles creados un carácter de manifiesto personal.

Nuevas guerras

A finales de siglo, innumerables conflictos militares dominan el mundo. Los medios se centran sólo en determinados focos, los demás no se tienen en cuenta en la mayoría de las ocasiones. La industria de la televisión usa el potencial del mercado y comercializa la guerra. La segunda guerra del Golfo
fue la primera guerra que pudo ser seguida en directo por televisión y fascinó a la gente como evento mediático. La oleada electrónica de las imágenes de guerra y las catástrofes ha traspasado los límites y el hecho de observar cómo se muere la gente se ha convertido en un acto normal. Con esta competencia, la eficacia del cartel como medio de comunicación ha disminuido. Es difícil luchar con éxito contra la avalancha de imágenes y ser percibido por el público.
Pero incluso hoy en día, algunos creadores de carteles consiguen una y otra vez destacar con ideas inteligentes tanto en texto como en imágenes y llamar la atención con exigencias lapidarias. El cartel tiene, además, la competencia adicional de nuevos medios tales como los e-boards dirigidos por LED, que
satisfacen las cambiadas costumbres visuales de los consumidores.

Información cedida por la organización

Artículo de e-notes   @   22 junio 2007 0 commentarios
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