Exposición en el Centro Cultural Deputación de Ourense: Las cenizas del deseo. Manuel Bouzo

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manuel_bouzo.jpgManuel Bouzo
Las cenizas del deseo
Hasta el 30 de mayo de 2010
Centro Cultural Deputación de Ourense
C/ Progreso, 30. 32002 Ourense
www.centroculturaldeourense.com


El artista Manuel Bouzo, de origen orensano y afincado en Madrid, inauguró en el Centro Cultural da Deputación de Ourense, el viernes 30 de abril, la exposición Las cenizas del deseo. El director del Centro evaluó, en el acto de inauguración, que “unha das obrigas da institución é recuperar para os ourensáns a artistas nados aquí que desenvolven o seu traballo no exterior”.

Las obras que se exponen son el resultado de varios años de trabajo iniciado tras su residencia en India durante un año para realizar el proyecto por el que le fue concedida la Beca Botín.

El artista explica el contenido de su muestra:

“Cenizas del deseo es una serie de obras (multimedia: pintura, fotografía, instalaciones y obras objetuales) que ahondan en la idea del deseo como elemento imprescindible de creación, de construcción, de realización, tanto para la propia actividad artística como para las relaciones humanas, en especial en las relaciones sentimentales.

* * * * * * *

La idea del deseo como fuente de creación (pero también como castigo) está contenida en diversos mitos.

Entre los griegos el mito de Ícaro es una muestra de cómo el deseo por volar (la libertad) es castigado por acercarse demasiado a la luz, al calor.

En varios mitos hinduistas interviene también el deseo. Y en ellos los actores son casi siempre los mismos, aunque cambien sus roles y sus nombres.

En el primero, el más antiguo, Prajapati(1) siente deseo por su hija Usas, y cuando está en el trance de penetrarla, Rudra(2) le dispara una flecha, de tal modo que Prajapati, herido en la ingle, se retirará de Usas, derramando su semen sobre la tierra. En este mito Rudra-Shiva actúa como guardián de lo increado, preocupado porque el incesto de Prajapati pueda ser el origen de la creación, la ruptura de la unidad primigenia en lo increado.

En otro mito Brahma, al ver pasar delante de él a su hija Gayatri(3) siente nacer un deseo ardiente por ella. Para poder seguirla con su incestuosa mirada, a Brahma le crecerán cuatro cabezas, una en cada dirección y, finalmente, una quinta, sobre ellas, al ascender Gayatri al cielo. Nuevamente Shiva, indignado por un nuevo intento de creación, con la uña del meñique de su mano rebañará esa quinta cabeza. En este mito también Shiva, siempre unido a lo absoluto, actúa como guardián de lo increado, aunque aquí también interviene Kama, el Eros indio, al que Brahma castigará con ser reducido a cenizas cuando despierte el deseo en Shiva.
En un tercer mito, los dioses, preocupados por la amenaza del demonio Taraka(4) encomiendan a Kama(5) que despierte al dios Shiva de su meditación. Shiva, absorto en su permanente meditación sobre el absoluto, no puede procrear, generar vida. De ese modo, al despertarse podrá ver a Parvati, la que será su consorte, enamorarse de ella y tener un hijo con el que vencer a Taraka.

Kama, acompañado por su esposa Rati y por Vasanta(6), siendo consciente de la maldición de Brahma por haber despertado en él su deseo sexual, se acerca temeroso a Shiva y le dispara sus flechas. Shiva, airado al ver interrumpida su meditación, fulmina a Kama con la luz de su tercer ojo y le convierte en ceniza. Una vez disparada la flecha en la mente creativa para que esta realice su función, Kama, el deseo, la primera causa efectiva en la cadena de la creación, consumido y convertido en ceniza, se convertirá en un ente omnipresente, en todas las mentes, en todas las criaturas.

El deseo, generador de vida y de forma, es el impulso necesario e imprescindible para la creación, para la manifestación, condensación y substancia. Sin embargo, el deseo (arde) se consume en su propia realización.
El deseo siempre necesita de dos agentes: el sujeto (el observador) y el objeto (lo observado, lo deseado); es, por lo tanto, es un intento de prolongación del sujeto hacia su exterior y, aún en el caso de que el sujeto desee algo de si mismo, esa premisa de observador y observado se sigue cumpliendo: el sujeto se desdobla y se trata a si mismo como algo exterior, algo observado. Este y no otro es el tema del mito de Narciso”.

1) Prajapati (el señor de las criaturas), el creador que posteriormente, en otros textos, cambiará su nombre por el de Brahma.
2) Rudra, el salvaje. Este epíteto que cambiará en textos posteriores por Sarva, el arquero; Agni, el fuego; Pasupati, el señor de los animales; Bhairav, el terrible; o Shiva, el auspicioso, el benévolo.
3) Posteriormente renacida como Sandhya, el crepúsculo, y después como Rati, la lujuria, el deseo sexual.
4) Taraka, tras innumerables penitencias, había conseguido que Brahma le concediese un inmenso poder.
5) Kama, literalmente deseo, el dios del amor; la cuerda de su arco está hecha de avispas, y sus dardos son flores y embriagantes aromas.
6) Rati, lujuria, deseo sexual; Vasanta, primavera.


Artículo de e-notes   @   4 mayo 2010 0 commentarios
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