Entrevista Manuel Olveira

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hangar.jpgManuel Olveira ha sido entre 1998 y 2001 jefe del Servicio Pedagógico del Centro Galego de Arte Contemporánea. En su trayectoria como comisario de exposiciones destacan propuestas interdisciplinares novedosas, como Nuevos Caminos: amenazas y promesas del arte electrónico (Casa das Artes de Vigo, 1998), Lost in Sound (CGAC, 1999) o Processos oberts (Ayuntamiento de Terrassa, 2004-5). Actualmente dirige el equipo permanente de 5 personas que gestionan Hangar. Entrevista realizada en marzo 2005

A la pregunta de qué es Hangar, en los folletos se responde: “Hangar es un centro de producción artística situado en el barrio de Poblenou de Barcelona que ocupa un edificio industrial rehabilitado de 1.800 m2 de superficie”. Me gustaría ir deteniéndonos en los pormenores de este texto.  ¿En qué consiste un centro de producción artística?
La decisión de remarcar siempre lo que es Hangar se debe a que la normalización cultural de la vida española se ha hecho desde el campo de la visibilidad, a través de la imagen del museo o la del centro de arte, y en perjuicio de una serie de instituciones, organizaciones o proyectos del mundo de la cultura diferentes: desde una mediateca hasta un centro de documentación, pasando por un centro de producción. Siempre es necesario hacer hincapié en que la misión de Hangar, en términos de institución, es precisamente promover la producción entendida de una manera muy amplia. Hangar es una serie de servicios para que la comunidad artística pueda producir sus trabajos, y un conjunto de actividades que tienen que ver con la producción y con proyectos singulares. Para el desarrollo de nuestro cometido contamos con una serie de equipamientos que podría haber en un estudio de televisión o en una productora de vídeo, en un estudio de publicidad o en un medialab; por eso se hace hincapié en la palabra “artística” para distinguirnos de cualquier encargo comercial. La definición tiene una obvia connotación combativa: los centros de producción son necesarios porque cumplen la función de dar servicio a los artistas, pero también por proporcionar un conjunto diversificado de opciones a la hora de hacer instituciones culturales. Si todas cumpliesen la misma función, tendríamos un panorama aburrido y una escena que no cubriría las necesidades de la cultura. 

¿Cuál es la especificidad de los servicios que oferta Hangar frente a los centros de arte?
Hoy un centro de arte o un museo trabajan con artistas: muchas veces producen obras in situ o proyectos por encargo, pero en ellos no existe la coordinación de producción y, por ello, el artista ha de acudir a otro lugar a hacerla. En Hangar encuentran un espacio industrial adecuado, con horarios amplios, y un equipamiento destinado a su trabajo. Pero aquí hay además personas cuyo trabajo es ser especialistas en la producción. La figura de Carme Romero es fundamental: como coordinadora es la persona que recibe el proyecto y ve claramente cuáles son las fases, cuáles los agentes, qué necesita el artista, cuándo… Esta figura de coordinación es clave a la hora de desarrollar un proyecto publicitario o cinematográfico, pero en el mundo del arte no existe. El artista se duplica habitualmente como director de proyecto y coordinador de producción y eso supone un esfuerzo al trabajar con equipos de personas que no todos los artistas pueden desempeñar. 

¿Cómo funciona la selección de proyectos para los talleres o los programas de creación de vídeo?
Hangar no nace de arriba abajo, como habitualmente nace un museo, mediante la elección por parte de la administración pública de un director con un proyecto curatorial; sino al contrario: son los usuarios, desde la Asociación de artistas, los que promueven un servicio como éste y son ellos los que han definido los perfiles no personalistas de los trabajadores que se han contratado. Lo que se crea es un servicio público, que cualquier artista puede utilizar, con unas condiciones muy específicas y desde la independencia. Las necesidades de la comunidad artística son variadas y aquí tratamos, en la medida de las posibilidades, de que esa variedad tenga facetas que les den respuesta. Se puede acceder a los servicios de Hangar de dos maneras. Uno, absolutamente abierto que consiste en que un artista, directamente, solicita un servicio y paga un precio asequible por él. Esto sirve para la sala polivalente, el plató, el vídeo, el audio, el medialab, etc. Pero hay una serie de servicios al que no todo el mundo puede acceder porque tiene un número restringido de posibles usuarios. En casos como las becas para centros en el extranjero, los 15 estudios de residencia o las becas de vídeo, la selección la realiza un comité de cuatro especialistas que se renueva cada año. El único integrante fijo de este comité soy yo, ya que como director de Hangar manejo una serie de información clave para tomar decisiones. Se completa con tres artistas, críticos o comisarios que deben cumplir dos condiciones: ser lo más independientes posible y estar cerca de las generaciones más activas para poder atender a las necesidades de los usuarios.

En alguna parte insistías en que “la cultura y el arte son factores esenciales en la construcción de riqueza de un país”. Una urbe terciarizada como Barcelona instrumentaliza la cultura con facilidad. ¿Cómo es capaz Hangar de mantener la independencia en esa situación estratégica de la cultura en un lugar que incluso abusa del capital cultural?
Hangar es consecuencia de muchas cosas. Es fruto de una ciudad que ha hecho de la cultura una señal de identidad y un sistema de producción. Lo cierto es que yo estoy en desacuerdo con ciertas políticas municipales de cultura espectacularizada, pero eso no tiene por qué ser un problema, siempre y cuando ese espectáculo no excluya otras formas de entender la cultura como la que realizamos aquí o en otras instituciones de la ciudad. Hangar se beneficia también de la fuerte tradición catalana de asociacionismo. Aquí hay una sociedad civil articulada, lo que le permite ejercer un cierto poder a la hora de demandar a las administraciones públicas realidades adecuadas a sus necesidades. No deja de ser un ejemplo más de cómo la asociación de artistas ha logrado que este centro exista. No voy a negar que se pretende instrumentalizar, pero Hangar no depende directamente de la administración, sino que es independiente. Nosotros presentamos proyectos a las administraciones públicas para conseguir financiación, pero la gestión de esos proyectos es independiente de las intenciones de la administración. No hay injerencia, la independencia está siempre garantizada. A mí me ha contratado una asociación convertida en fundación, no una administración, y desde ahí gestiono un capital. Obviamente he de convencer a quien patrocina o subvenciona Hangar, pero de la dirección de Hangar en cuanto a la mediatización o banalización, en todo caso, si se produce, el responsable seré yo.

Hangar, siguiendo con la definición, tiene su sede en Barcelona, pero concretamente en un antiguo edificio de producción en Poblenou, un antiguo barrio industrial en proceso de recuperación o desarticulación. ¿Influyen en el programa de Hangar esta memoria del propio edificio y el futuro incierto del barrio?
Hangar trabaja a muchos niveles geográficos: desde Nueva York a México, pasando por Canadá y llegando a Poblenou. Si insistimos en Poblenou es por hacer una llamada de atención sobre el lugar periférico en el que nos ubicamos. Ha sido el barrio industrial durante mucho tiempo, y luego el barrio olvidado por los planificadores urbanos, con una población muy envejecida, industrias residuales, espacios muy amplios y desocupados, pero que vienen muy bien para ciertos usos culturales. Estar en la periferia de la ciudad implica muchas cosas, por eso es necesario reafirmar tu presencia en un determinado lugar: tiene mucho sentido dignificar un barrio, maltratado durante mucho tiempo, y ahora un barrio convulso y en transformación. Yo tampoco sé si es un barrio desarticulado o en articulación, pero lo que tengo claro es que es un barrio lleno de cambios que a veces no son nada fáciles de gestionar. Todo este tipo de cosas no son realidades ajenas a nosotros, porque estamos aquí y si hay un movimiento vecinal, participaremos. Después de 8 años de convivencia en el barrio surgen ciertos vínculos con sus colectivos. Hay que tener en cuenta que el barrio fue el relevo del Born en los 70, donde los artistas han venido a trabajar en los 80 y 90, porque se podían conseguir metros cuadrados a precio irrisorio. Había una extensa comunidad artística trabajando en el barrio y nosotros trabajamos con respeto por aquella realidad que en este momento parece que va a cambiar.

Ahora vamos a salirnos del guión, porque lo más interesante de Hangar es precisamente cómo rebasa su propia definición. Por ejemplo: existe un espacio paralelo, un lugar virtual con 421.421 visitas desde marzo de 2003: vuestro web site. ¿Su finalidad es ampliar la comunidad de Hangar?
Para nosotros la utilidad de la web es muy grande. Por un lado, visibilizar, servir de archivo e informar sobre lo que hacemos. Por otro, tiene vocación de ser todo lo portal que pudiese. Hay una decisión política e ideológica en cuanto a qué herramientas se utilizan para hacerla, con software libre, y también estéticamente, porque debía ser austera y poco espectacularizada. Se ha tratado de priorizar, frente al diseño, la capacidad de recopilar, actualizar y acumular la información. Queríamos transparencia, que cada uno de los que acceden sepa cuántas personas hay conectadas en ese momento, y quién es un visitante usuario registrado que puede enviar información. Un espacio público de encuentro donde el usuario pueda personalizar el software en función de tus intereses.

Otra de las formas de hacer crecer su radio de acción y de confrontar con el público los trabajos en proceso de los artistas residentes, son las jornadas de puertas abiertas. ¿Es su intención presentar obras no musealizadas?
Hay mucha desinformación acerca de cómo trabajan los artistas. Ninguna institución cultural se ocupa de la dimensión de confrontar al público con el proceso de hacer de la obra, con el interés del artista o con su duda. Muchas veces la presentación tiene un carácter desnudo de la parafernalia del museo o del cubo blanco, que hace que las cosas se perciban de otra manera, pero no deja de ser una realidad más del mundo de la cultura que tiene tanto sentido como cualquier otra. Por otro lado, los proyectos que se hacen desde Hangar, no entran en conflicto con ninguna otra institución expositiva de la ciudad; no se trata de una cuestión de reparto del territorio, sino que si hay alguien que se ocupa de la visibilidad, Hangar no tiene que encargarse de eso. Cuando Hangar difunde algo es porque ese algo no encuentra otro lugar donde ser divulgado. En eso radica la responsabilidad de un centro de producción, en tener esa franja de emisión, un matiz de las cosas en las que debes incidir, porque si no nadie lo hará. No son realidades fáciles de señalar, porque son cambiantes e inaprensibles. En el museo, el centro de arte o la galería hay una dimensión de producto acabado, de cierto consenso de calidad en el que todo el mundo está de acuerdo. Pero, ¿dónde queda la función de la experiencia, de la experimentación, del laboratorio, del test o de la singularidad? Esa franja de emisión es necesaria por muchas razones: por la salud de la propia cultura, por el recambio generacional y por dejar siempre espacio abierto, no categorizado. En un museo equivocarte es un problema. En un lugar como Hangar, equivocarte no es estrictamente malo, es sencillamente hacer tu función. No digo que vayamos buscando el error; buscamos buenos resultados, pero ante la incertidumbre de qué ocurrirá, el riesgo tiene cabida, y eso es bueno para todos.

¿Cómo funcionan los Processos Oberts, realizados por Hangar con el Ayuntament de Terrassa?
P_O_ en realidad es una idea sencilla y básica. Frente al objeto final privilegiamos el proceso; frente a la exposición, la agencia de producción y el laboratorio de investigación; frente al consumo rápido de los dos meses de exposición privilegiamos un tiempo largo; y frente al público pasivo que entra en la sala de exposición a consumir obra propiciamos ejercicios colaborativos y asociativos del artista con diferentes colectivos o personas de la ciudad. Para ello establecemos simplemente un marco de trabajo, un punto de confluencia entre el interés del proyecto, el del artista y el de la ciudad, que es fruto de una negociación, de unas charlas y de un conocimiento mutuo. A pesar de que P_O_ produce obras, lo más importante es que se investiga y se replantea todo. Esa es una de las grandes virtudes de su web: como uno de sus usuarios del día a día, es en los conflictos y en las discusiones donde realmente encuentro respuestas a las cosas, donde se producen cuestiones que hacen pensar. Por ejemplo, Can Jeletton es una casa de 300 metros cuadrados con terraza que se puede entender de muchas maneras, desde puerto franco a zona de acampada, donde se organizan una serie de actividades, comer, discutir, ver películas… El misterio del proyecto genera una serie de tensiones porque, a pesar de que no existen anuncios o pancartas, ha salido mucho en prensa y la gente se pregunta qué es “eso” y donde está. Estos proyectos, radicados en Terrassa, generan una especie de mitología. Los sueños de Eric Beltrán el año pasado, que iban apareciendo cada mañana, pintados por la noche, como si fueran señales de tráfico en las vías de comunicación; nadie dijo que formaban parte de un proyecto de un artista. Alguien ha colocado de forma muy respetuosa un cuño grande amarillo en catalán en el que se lee: “Respetad el catalán”. La actuación pareció una invasión lingüística y eso generó una respuesta. Todo ese tipo de cosas son más interesantes que la obra en sí, aunque la obra sea buena. P_O_ está hecho desde un ayuntamiento periférico, incluso peor: es periférico al lado de un centro como Barcelona, lo cual dificulta aun más las cosas por la tendencia centrípeta de las grandes urbes. Sin embargo, el dossier de prensa es tremendo. ¿Cómo se ha producido esto? No hay departamento de prensa en Hangar y el ayuntamiento de Terrassa no tiene una maquinaria que permita lograrlo. ¿Cómo interpretar que haya tenido tanta repercusión? Pues sólo pensando que has conseguido generar una dinámica que resulta atractiva y singular.

¿Crees que es posible modificar un contexto desde los trabajos en la representación? ¿Se puede incidir de forma efectiva en las diferentes relaciones que se producen en sociedad?
Respondo que sí, claramente. Yo siempre he reclamado para la cultura un estatus político, pero no político partidista, sino en cuanto a la dimensión pública y a su capacidad de incidir en ella. Se trata de mantener un pulso, a veces de manera muy simbólica y a veces muy real, a veces muy a largo plazo y a veces de forma inminente, porque cada proyecto y cada situación tiene registros y tiempos diferentes. Confío claramente en esa capacidad de la cultura para intervenir. El arte tiene un poder de calado, que va mucho más allá, que es mucho más penetrante y más sutil, y que a veces no ves a dónde te lleva. Confío en ello y sé que es así. Lo sé porque desde el punto de vista de la economía la cultura ha cambiado muchos contextos: el Born fue cambiado por los artistas que en su día estuvieron allí, Tribeca en los USA también. Desde el punto de vista de la economía del conocimiento, el quid de la cuestión está precisamente en los derechos de autor y en la gestión económica de la cultura. La cultura es aquello que te hace avanzar en el I+D, lo que te permite ser competitivo. También lo sé porque el arte también tiene una dimensión que potencia todos los registros de lo humano a muchos niveles. Eso es muy positivo desde lo social, de la convivencia, de la generación de unos símbolos o de unas estrategias de negociación de lo público que encuentran en la cultura como una posición cambiante. Desde el punto de vista biológico, los cambios genéticos son los que te permiten adaptarte al entorno, los que determinan que unas especies sobrevivan y otras desaparezcan. Si la supervivencia estuviera determinada por los genes una parte importantísima parte de la humanidad se habría muerto ya; pero la capacidad de adaptación humana está regida por los memes, unas unidades de codificación de información diferentes. Quien genere o utilice memes más adecuados para las condiciones variables, estará en mejor posición para salir adelante. Son estos memes los que convierten a la cultura en algo sustancial para toda la sociedad. Yo estoy convencido de que la cultura es el campo donde se genera el futuro. El poder proyectivo del arte, la capacidad de penetración invisible, incisiva, es lo que hace que tenga que confiar en que este tipo de cosas tenga un calado mucho mayor de lo que pensamos. Por un lado confío en ello; por otro sé de forma lógica y determinada que es así.

Y supongo que Hangar es un espacio privilegiado para estas estrategias…
En otros lugares, como Londres o en Canadá, es posible. Hangar, con Arteleku y algún sitio más, son aquí los únicos que permiten hacerlo. Si existe en Barcelona es porque hay una necesidad compartida que hace que se produzca. No se trata de ponerse para la foto o de generar un dossier de prensa, de producir una imagen positiva para la ciudad o de generar economía turística. Se trata de cubrir una serie de facetas necesarias para el correcto funcionamiento y aprovechamiento de la cultura. Por eso Hangar es un lugar privilegiado. O por lo menos lo ha sido hasta ahora. En España la administración pública ha atrapado la cultura, la ha mantenido, y esa dependencia tan directa de la política partidista está haciendo mucho daño. Es curioso que sea el momento en que la cultura está más subvencionada cuando se generan formas de sustraerse a esa dependencia. Por necesidad, porque te das cuenta de que tú no tienes lugar ahí, que lo has de generar tú mismo fuera de la administración. El tripartito catalán, o incluso los políticos municipales, se dan cuenta de que invertir cierta cantidad de dinero en estructuras independientes revierte positivamente en ellos. En Madrid no se entiende, y en Galicia parece que tampoco.
Entrevista realizada por Manuel Segade
Información publicada en Art Notes 3_05

Artículo de e-notes   @   9 marzo 2007 0 commentarios
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