Yolanda Herranz
Pese al paso del tiempo
26 de julio-9 de septiembre de 2007
Patio de Escuelas Menores
Salamanca
Viaje de vuelta
Como lo sabe, como conoce las trampas del regreso y conoce su inevitabilidad también,Yolanda Herranz ha decidido renunciar a las rememoraciones estériles para volver a un espacio del tiempo pasado que, por real –por tangible–, no impele a dejar atrás el presente. Por eso, en su vuelta al principio presentida y obligatoria, helicoide como aquella primera obra en la cual las palabras iban pasando y pasando siendo las mismas cada vez y cada vez diferentes,Yolanda ha decidido ocupar el espacio presente de un lugar pasado, trazando un recorrido que no excluya nada y lo incluya todo: lo que
fue, lo que es y hasta lo que va a ser, imagen evanescente que sobrevuela las cosas mientras van ocurriendo y que resume –ahora lo entiendo– eso que Yolanda andaba desde siempre persiguiendo: a ella misma y al tiempo, igual que hiciera Proust.
A ella misma y al tiempo, porque del paso del tiempo ha hablado a menudo su trabajo: paso del tiempo sobre la piel, los cuerpos; palabras que se dicen y cambian al cabo de los años, transformaciones irrenunciables que se transforman con nosotras.
Aunque Yolanda no lamenta lo que pasó. No quiere hacerlo. No puede tampoco, quién sabe. “Tener lo que quieres / Querer lo que tienes”, dice(no, dice no: graba a fuego).Y quiere lo que tiene: lo prueba ese transcurso que, ahora lo veo, le ha dado más de lo que le ha quitado –pasa siempre–.
Ni un atisbo de melancolía: así debe ser. No puede ser de otro modo como para los que, como Yolanda, han tomado el camino difícil: escribir el tiempo.
Ésa ha sido desde siempre su pregunta: el tiempo, el paso del tiempo, que es tanto como decir uno mismo; cómo van llegando las cosas; cómo llegamos a ser capaces de trasladarlas de nuestra experiencia particular a esa experiencia colectiva que a la artista le ha interesado desde el principio. De ti hacia mí, operación de espejo que devuelve la imagen completa a la cual Herranz pisa los talones, al saber cómo en cada uno de nosotros habita un hueco, el del otro que fue en otro tiempo –eso es también “escritura de las mujeres”, otra forma de contar los relatos y de rememorar el transcurso–. Porque, enel fondo, las mujeres tenemos poco tiempo para melancolías. Hemos aprendido a querer lo que tenemos.
Estrella de Diego. Fragmento de Tiempo al tiempo, texto incluido en el catálogo de la exposición
Información cedida por la organización
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