George Rousse
El mundo ilustrado
Rufo Criado
En la distancia verde
Gabriel Kondratiuk
Cuatro paredes
Hasta el 16 de mayo de 2010
CAB,Centro de Arte Caja de Burgos
C/.Saldaña s/n. 09003 Burgos
www.cabdeburgos.com
Imagen: Georges Rousse. Burgos 2010
George Rousse
El mundo ilustrado
Rousse, fascinado desde hace años por los edificios abandonados o en ruinas, interviene en ellos, primero escultor y pintor, metamorfoseándolos a partir de colores y formas geométricas simples -círculos, esferas, rectángulos-, en un empeño minucioso, preciso y cuidadosamente calculado para fructificar en el resultado final: la fotografía, donde queda atrapado el efecto visual diseñado por el artista. Así surge la primera formulación de la paradoja: aunque una mirada superficial parezca sugerirlo, lo que nos propone el fotógrafo no es una ilusión óptica, un mero artificio de la lente, sino la representación de algo real, existente antes que su plasmación fotográfica, aunque condicionado por las leyes de la perspectiva. Rousse no pretende tendernos una trampa, ni siquiera capturar para nuestros ojos una intervención fugaz, sino hacernos partícipes de una compleja lectura del espacio que comprende también el contexto anterior (materiales, arquitectura) del ámbito que matiza, reordena y transforma.
Porque el artista francés aspira a captar la chispa de vida que permanece latente en esos inmuebles condenados que rastrea por medio mundo, persigue desvelar entre los muros de esas viejas fábricas una armonía secreta, una suerte de espiritualidad, una “magia del espacio” de la que las figuras que pinta y los volúmenes que construye serían una especie de representación: algo, en todo caso, mucho más complejo que un simple trampantojo. Como la arquitectura misma, el suyo es un arte simbólico, y también -he aquí de nuevo la paradoja- mucho menos efímero que la naturaleza física de sus intervenciones, destinadas a desaparecer tras la obtención de la fotografía para la que fueron concebidas y creadas.
El Centro de Arte Caja de Burgos CAB reúne en la exposición “El mundo ilustrado” una muestra fotográfica de anteriores trabajos de Georges Rousse, muestra que se completa con una intervención del propio artista en el Patio de la Casa del Cordón. Bajo el título “Burgos 2010″, Rousse ha diseñado para la sede social de Caja de Burgos una esfera encerrada en una pirámide truncada que adquirirá coherencia y significado, como sucede en todo su trabajo, mediante la fotografía final. Los espectadores burgaleses tienen así la oportunidad de seguir “in situ” el proceso creativo de un artista único, que, a partir del color y construcciones autónomas, reformula los límites entre realidad e imaginación e indaga desde el presente en los afanes del pasado. De un artista de la luz y la perspectiva, cuyos juegos visuales estimulan una mirada nueva, nada habitual, a la arquitectura y nos hablan del vínculo del hombre con el espacio que ocupa.
Rufo Criado
En la distancia verde
La geometría, el color y el uso de los nuevos recursos digitales distinguen la obra de Rufo Criado (Aranda de Duero, 1952), uno de los más firmes valores de la pintura contemporánea española, que profundiza desde hace años en un proyecto artístico protagonizado por el paisaje -un paisaje sintetizado en elementos tales como franjas dispuestas sobre diversos fondos cromáticos- y su contrapunto, el medio urbano y la huella de la actividad del hombre, como fuentes de inspiración, desde una dialéctica artística que intenta conciliar los aspectos más racionales de su creación con sus necesidades expresivas.
Caracterizado por un expresionismo abstracto que participa también de los postulados de un cubismo evolucionado, orientado a la contemplación de lo natural, Criado desarrolla series y repeticiones de lienzos, utiliza fotografías y vídeos y crea también obras tridimensionales, volumétricas, como las cajas de luz que han protagonizado sus más recientes exposiciones. En todos ellos subyace su reinterpretación y deconstrucción de la naturaleza mediante un diálogo entre lo originario y lo artificial y también entre lo racional de las formas y la experiencia sensorial. Gracias a esa tensión consigue el artista que los esquemas geométricos que usa en sus composiciones reflejen estados de ánimo, curvas de melancolía, fulgores de entusiasmo.
Gabriel Kondratiuk
Cuatro paredes
Argentino afincado en la ciudad austriaca de Innsbruck, Gabriel Kondratiuk (El Bolsón, 1969) refleja en su pintura las dos caras de su Patagonia natal: en el mapa imaginario de sus creaciones conviven la zona occidental del remoto sur del mundo, de la que él procede, colosal y suntuosa, con sus montañas, lagos y glaciares y un cromatismo exuberante que va del verde y el azul a los tonos plateados; y la oriental, seca y vacía, desértica e inhóspita, que busca el mar como único refugio posible (“Allí no hay nada”, sentenció Jorge Luis Borges). Instalado en ese contraste trabaja Kondratiuk, pintor de desiertos silenciosos, de aguas de todos los azules posibles y del alma de las montañas, las alturas imponentes de un territorio que también remite en su intuición de artista a los Cárpatos de sus ancestros.
No es Kondratiuk un pintor convencional, y eso se percibe pronto en el uso de los colores (rosas, verdes, negros, azules adquieren nuevos significados) y de las formas, que sugieren en ocasiones imágenes apenas vislumbradas y que parecen interactuar entre sí para completar un todo orgánico. A medio camino entre lo abstracto y una pintura casi espontánea, el argentino crea unas muy personales texturas utilizando con tino las combinaciones cromáticas y marcando con rotundidad los bordes de las redondeadas figuras con un trazo que surge de la gradual abstracción de los modelos naturales: montes, árboles, paisajes que muestran al espectador el reflejo de un ámbito profundo y abierto, una naturaleza que se aparece como un espacio de libertad y expansión. Se trata de una pintura armoniosa y dinámica, de delicadas resonancias poéticas, que muestra un paisaje de gran expresividad, imponente y vivo, en el que todo cambia y que el artista consigue revivir en la mirada de la memoria, que conserva el primer asombro ante la belleza de su tierra.
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